sábado, 26 de febrero de 2011




CONTRA ÁLVARO MÚNERA BUILES

Concejal Múnera con una Multitud abrumante de manifestantes antitaurinos


Álvaro Múnera Builes: ex –torero, teósofo, parapléjico, antitaurino confeso, concejal de Medellín, vociferante: aunque la descripción se acerca a lo que sería un personaje de novela a lo Paul Auster (la caricatura pura, la apersonalidad y el buffet de rasgos) se anota por desgracia que el cuadro corresponde a un hombre real, cuya vida y palabras bien merecerían una novela, pero de las malas. Acaso una mezcla estúpida del Nuevo Testamento (pues Múnera se cree Pablo de Tarso, converso de un Saulo-torero quien viera en la mitad de un desierto de arena -el ruedo- la luz cegadora de un Toro –Terciopelo- quien a su vez lo enganchara de su otrora buena pierna izquierda, izándolo y dejándole caer, rompiéndole la médula y convirtiéndolo al humanismo-cristiano-antitaurino por obra y gracia del Señor) y El Tambor de Hojalata (pues a su vez Múnera se cree Oskhar Matzerath: única y pequeña y correcta Luz en un mundo de tinieblas sociales) puede explicar el desatino de esta existencia.


La Conversión de San Álvaro Múnera de Tarso
Ir directamente a las situaciones, aconseja la teoría: Múnera fue torero (de mote Pilarico), compareciente en diversas plazas, prospecto mediocre que sin embargo pudo hacerse con una campaña española; bordeando la misma, en la Plaza de Toros de Albacete, un Toro de nombre Terciopelo logró engancharle para salvarle la vida, dice él, para enviarle un mensaje hermoso, mensaje que el buen Dios le ha mandado en exclusiva, teniendo en cuenta que ningún otro torero se arroga la Buena Nueva, siendo que sí lo hacen ciertas personas, aquejadas de la locura quijotesca: el mensaje, consistente en una parálisis que aún hoy le tiene en silla de ruedas y en la sacra misión de emprender una lucha sin cuartel en contra de la Tauromaquia, mediando toda la mentira y violencia posibles e impensables, ahora es regado con odio y palabrería en cuanto medio sea posible; por desgracia, Medellín –su ciudad- es la más antitaurina de Colombia, acaso del continente, y no porque la tauromaquia no sea concurrida, más bien porque sus pocos detractores son los más violentos y atravesados, gracias al pontificado caritativo-cristiano de Múnera, predicante del odio con tanta fruición como la que usa para cobrar su pensión taurina por invalidez.




Anota Múnera Builes: “Sólo una persona con suficientes desordenes siquiátricos puede gustar del maltrato y muerte de un ser viviente y sufriente”; así mismo, en declaraciones posteriores: “No creo que en aquella época de equivocadas decisiones cuando hice parte del mundo taurino estuviese mentalmente enfermo,”. Y cómo lo iba a estar? También se juzga que Agustín de Hipona antes de su conversión era igualmente santo, así Múnera, antes del Tolle, Lege, estaba cubierto contra la patología que tanto aquejó a un Miguel Hernández, a un Jean Cocteau o a un García Lorca. Sigue Múnera: “cuando la realidad de la mal llamada "fiesta" es clavar, clavar y enterrar hasta matar, cuanto elemento corto punzante se tenga a la mano en el cuerpo del inocente animal”; claro, aunque Agustín de Hipona no olvidara su pasado, Múnera lo hace de manera tendenciosa: falta que el teósofo de Medellín explique en sus Confesiones lo siguiente: a un Toro no se le hiere con “cuanto elemento corto punzante se tenga a la mano”, más que nadie, él al tener su pasado torero debe saber que la Lidia es un rito que precisa de exactitud, que las armas usadas en franco combate con un Toro de Lidia no son “cuantas se encuentren” sino las tres fundamentales que él usara: Pica, Banderilla, Espada: falso e ingenuo suponer que la Lidia se reduzca a la carnicería propuesta en su declaración; el torero no hiere al Toro con lo hallado a mano; le propongo al señor Múnera que arroje al ruedo “cuanto elemento corto punzante” juzgue conveniente: navajas, cuchillas, motosierras, picahielos, antitaurinos que son armas en sí mismos, y que tras ello ratifique su declaración, pues se verá si el torero, al tenerlos “a mano”, los usa. Ahora, que asegure que las heridas son producidas “en el cuerpo del inocente animal” no deja de generar desconfianza: ¿cómo puede un “inocente animal”, “inofensivo animal”, “violentado animal” (como signara él al Toro) provocar la muerte o la parálisis de su combatiente? ¿No es el mismo Múnera el más preclaro ejemplo de la falsedad del mito antitaurino, consistente en la invalidez formal y vital del Toro, antes de su salida y durante su lidia en un ruedo? A diferencia de los antitaurinos, no se pretende que el hombre sea objeto de las calamidades con las cuales somete a los agentes de la naturaleza, ya que no puede igualarse al nivel mismo de otros seres, como ellos a su vez no pueden igualarse a nosotros; no se ve ninguna consecuencia divina en el estado de postración que por desgracia sufre el señor Múnera, lamentándolo mucho, vemos más bien la lógica de la naturaleza, la del combate recto, la de la verdad taurina.
Continúa el señor Múnera, en tratándose del uso del Toro en la lidia: “¿hacemos la prueba en usted señor Capellán de la plaza, en usted señor periodista o en usted señor abonado de sombra?” Se anota: ¿Y por qué ha de ser ese el medio para descalificar la Lidia? ¿Acaso el animalista desestima el consumo de carne deseando a los carnívoros que una Vaca los ingiera? ¿El derecho animal contempla alguna retroactividad? O bien: ¿existe realmente el derecho animal, señor Múnera? De ser así ¿sería tan amable de señalarnos los deberes de los animales, al ser de elemental conocimiento jurídico la imposible separación de derechos-deberes? El teósofo concejal usa el sofisma de la conmoción, el de la lástima, el del rencor aplicado a la caridad y la piedad, aunque no tenga pudor en contradecirse, en hacer de la piedad y la misericordia una exclusividad animal, aunque llame a su grupo de 20 jóvenes Fuerza Anticrueldad Unida por la Naturaleza de los Animales, mientras atiza a la juventud incauta a ser violenta, cruel con el pensamiento contrario, rayadora de carros, calumniadora de todos, inculpadora falazmente de delitos como el asesinato y la pederastia, gritona, intolerante, fundamentalista y radical con dos verdades incompatibles con la lógica de la naturaleza misma. Quedan sí las preguntas fundamentales: ¿Qué pasaría ahora si el Toro Terciopelo no lo hubiese enganchado, hiriéndole el cuerpo y el alma sin remedio? ¿El mundo taurino no sería una equivocación? ¿Todo dependió de un estado de postración suya para que la Tauromaquia empezara a ser despreciable? Sin su accidente, el cual se lamenta profundamente: ¿La Tauromaquia sería correcta? ¿Es el mensaje de Dios herirlo a usted en alma y cuerpo diciendo esto que la Tauromaquia es cosa a erradicar al tener usted cargos de consciencia desde su convalecencia en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo? Si el mundo del Toro es la perdición y la inmoralidad ¿por qué sigue usted recibiendo la pensión taurina que le fue adjudicada? ¿No debería renunciar a ella, por simple y elemental acto de consecuencia y dignidad?
Por supuesto que no lo hará, como no renunciará al odio, a la mentira, al avivamiento de conflictos, a la calumnia, a la infamia, a la cobardía de confrontar a los verdaderos taurinos, quienes siempre estarán en pie de lucha para defender nuestra fiesta. Mientras los taurinos nos defendemos y luchamos con La Verdad, los antitaurinos en cabeza del señor Múnera no se sonrojan al usar sistemáticamente la mentira y la violencia. Para el señor Múnera tal operación es rentable: lo visibiliza políticamente, le da vigencia en los medios al ser, ciertamente, un político exótico, le da cierto nicho preferencial en la juventud incauta y adormecida quien en menguado número le apoya –pero se sabe el mucho ruido que hacen en los medios, siendo bien pocos-le da una posición de mártir que se corresponde con su condición, en últimas, puede llegar a convencer a fuerza de mitos, patrañas y amenazas a uno que otro para que no vaya a Toros.




Imagen Falsa de un Toro de Lidia: Sangra por arriba de las heridas de banderillas visibles y lejos del morrillo picado. El color fucsia de la sangre es sospechoso, producto de la manipulación de la imagen a la cual se le puso brillo y sangre falsa.


Medellín es una ciudad hermosa, de gentes amables y orgullosas, tiene una afición invaluable por los Toros, una Plaza acogedora y moderna; y tiene además un concejal-teósofo- ex torero a la cabeza de un grupo de 20 jóvenes quienes perpetúan -estos últimos- actos de delincuencia consistentes en amenazas de muerte, daño en bien ajeno, calumnia, injuria, etc- que no se compadecen con lo que el lector sensato pensaría: un señor en silla de ruedas y veinte vagabundos poniendo en jaque a la afición de una ciudad muy torera y muy gallarda.
Ciertamente no durará mucho: la consecución de su curul en el concejo se debe única y dependientemente del apoyo inocente que le prestaron los taurinos, quienes eran ignorantes de las verdaderas intenciones y la doble moral del señor Múnera –un cordero de Dios pidiendo ayuda electoral, como en efecto la pidió, a los inmorales taurinos-; la afición paisa no traga entero, el apoyo electoral al señor Múnera no se repetirá, y no será ya el consejo sino otro el sitio desde donde lance su campaña de ira y furia en contra de lo que antes le diera de comer a él y a su familia; (pero yo me falseo: aún le da de comer a él y a su familia: primero con la pensión; luego: indirectamente con su vigencia política merced a su postura antitaurina).

martes, 22 de febrero de 2011

GRANDES PREJUICIOS ANTITAURINOS



Imagen grosera y falsa de un Toro,
pues a este NUNCA se le hiere en el pecho ni la garganta!

Inteligencia: es lo que por encima de todo ponderan los antitaurinos como propio y lo que por encima de todo extrañan en un taurino. Bien, someter con todo rigor racional las siguientes consideraciones antitaurinas –tan difundidas en todos los foros que invaden día y noche, noche y día sin tregua- no justifica tal apelativo de “inteligencia” que muy humildemente se auto endilgan. Se esperaría, como se espera desde siempre, que la antitauromaquia dé un paso adelante en el debate, que concurran a rebatir las consideraciones de un Wolf o de un Bergamín, que se junten como se juntan a pintarse la cara de rojo para refutar un Savater o un Boix; muy otra es la realidad, pues la argumentación antitaurina ha sufrido casi imperceptibles variaciones desde la ya consabida y emanada en los años 60´s, que no fuera sino la mezcla de un animalismo radical y algunas nociones básicas de Arte y Cultura. Creo –y tal cosa resulta muy triste para un antitaurino, si lo piensa- que lo más alto que ha llegado la teoría antitaurina es aquella expresada en el Parlament Catalán, en donde se repetían a sí mismos un puñado de personas que sabían ha mucho que la pelea en el auditorio la tenían ganada, no por verdadera, más bien por el factor catalán que con su clima separatista y antiespañol, sumado al oportunismo y la demagogia (cómo pueden expresar 180.000 firmas la opinión de una ciudad con más de un millón de habitantes, sino es por un abuso de estadística?) había apuntillado a los Toros hacía mucho; como sea, personas que centraron su argumentación en consideraciones bilógicas sustentadas en estudios emanados de meganito o sultanito, sin el mismo peso que la argumentación científica aportada por los taurinos, lo que también significa lo tratado en este documento: la antitauromaquia es un prejuicio. Ya hemos considerado algunos puntos, las repeticiones son inevitables.

“El arte es creación la tortura no”. Pero qué artista,  qué catedrático en teoría o historia del Arte ha podido asegurarlo, desconociendo a su vez la esencia y la historia del mismo?¡ Signar a tal disciplina como un acto espontaneo de mera creación sólo atiende parte de su realidad (acaso la semántica, la etimológica),precisamente la parte más básica, más extendida, la más cómoda para un antitaurino; sería necesario explicar que dentro de la misma historia del Arte las diferentes corrientes han propendido a destruir a la anterior, o que diferentes aspectos formales de las obras son, en suma, teoría y práctica de la destrucción: cómo un cuadro Povera, una instalación Materica, un lienzo de Bacon, en fin, cómo tales representaciones pueden ser entendidas lejos de la destrucción de la forma y el concepto, sino es porque un antitaurino no tiene idea de Arte? Quién queda indemne después de un Performance de Abramovic, letanía de la destrucción y la no-creación? Esto no excluye a la Tauromaquia, pues mientras un Arte Povera redunda en la corrosión y desgaste de sus elementos formales, la tauromaquia se erige sobre la construcción de un acto, invariablemente atravesado por la Vida y la Muerte REAL. El Arte también puede y es destrucción.


Castella
Los Toros no son cultura porque cultura también fue el sacrificio humano, la ablación, los gladiadores y los Bee gees: causa vergüenza, pero tal es el supuesto más extendido por antitaurinos; la existencia de factores culturales como la ablación o el sacrificio, incluso de aberraciones de la suerte de la pederastia o el sadismo, no se compadecen entre sí ni en relación a la Tauromaquia; así como nadie rebate a la pederastia arguyendo taimadamente al circo romano, nadie puede sustraerse a la misma operación con la lidia de un Toro. No se cansará en afirmar: por qué no son capaces de criticar a la Tauromaquia con ella misma, con lo que sucede en un ruedo, con lo que respecta al toro, por qué tienen que irse a terceras e inconexas partes, sino es por una falta tremenda de argumentos? Si la lidia de un Toro es tan aberrante: por qué no es suficiente ella misma para ser criticada, por qué ir a ritos desaparecidos hace siglos para criticar algo de hoy?  Como taurinos hemos de exigir que el debate se sostenga en tres pilares: El Arte, La Cultura, El trato y naturaleza animal; lo que resta, o más bien sobre, no es más que arandela vacía y rabieta de ignorante. Si las mujeres africanas son sometidas a la ablación tal práctica no la puede suprimir ni conservar el hecho taurino, y viceversa, pues son planos inconexos, relacionados sólo en la mente desesperada de quien no haya razones suficientes para criticar la Lidia de un toro bravo.

Eh! Podemos comer carne y ser antitaurinos porque la nuestra no es carne torturada, además, no vamos a verla morir al matadero, eh!:  Lo anterior puede sucintamente expresarse con la palabra HIPOCRESÍA; la antitauromaquia es, si quitásemos con cuidado su estructura, la simple lucha por un animal; compadecerse de este y no de los demás es incompatible, expresado esto último por los mismos antitaurinos animalistas, al constituir fundamentalmente un acto de especismo; en otras palabras: qué moralidad es aquella que lucha por un animal en exclusiva, obviando al resto? Cuál es el criterio que se usa para distinguir el sufrimiento bueno y el sufrimiento malo en un animal? La dieta hipócrita-antitaurina?; luchar por este y comérselo luego es incompatible, lucha por este pero usar su piel es incompatible; sabido es que la dieta humana puede suplir las proteínas aportadas por la carne con vegetales (aunque sea la impresión, un vegan no vive sólo de odio y aire, también se pude alimentar exactamente igual al carnívoro sin usar animales) y por ello no habría excusa suficiente para justificar el consumo de carne (carne un millón de veces más sufrida que la taurina, pues una res sufre toda su vida, un toro: poco en 10 ó 15 minutos) paralelo a la postura antitaurina: Si es usted antitaurino y come carne o usa animales, es un hipócrita, y ha de ser consecuente con su lucha; los antitaurinos son antónimos de sí mismos.
 
Si la tauromaquia es cultura el canibalismo es gastronomía: Pero responder a esto es hacerlo bajo el supuesto de que algún gastrónomo o algún Chef lo haya asegurado; no se deben responder a fantasías que apuntan a relaciona imposibles con posibles para descalificar a los últimos arguyendo la falsedad de los primeros; el hecho patente es este: muchas personas del mundo artístico y cultural han asegurado que la Tauromaquia es cultura; aun una simple revisión del significado apunta a que la Tauromaquia es la expresión de cierto nicho humano, lo que le hace cultura, indiferentemente de las consecuencias morales que pueda generar; el hecho no patente es este: ningún Chef ni gastrónomo ha asegurado que el Canibalismo sea gastronomía, al no haber razones suficientes para asegurarlo: por qué, pues, ha de tener relación una y otra, sino es en una mente enferma de silogística e irrealidad?

Si el toro se extingue no pasa nada, porque no es una especie sino una raza, dejémoslos extinguirse que no pasa nada : Ciñéndonos sólo a la parte biológica y taxonómica, obviando así la poca vergüenza que supondría luchar por una especie pero consentir su desaparición, hemos de atenernos a que es cierto: El Toro de Lidia no es una especie, sino raza, de la misma manera que la naturaleza tiene más razas que especies; no puede constituir tal condición un argumento, pues un ser viviente no merece o desmerece su existencia al ser o no ser una especie: sorprende, pues los antitaurinos se rasgan las vestiduras ante el maltrato a los perros, aun cuando estos tampoco son una especie, sino una raza derivada de los lobos más bien, y no por ello no dejarán de brincar si un buen día alguien se propone extinguirlos, como lo proponen ellos con el Toro de Lidia: aquí nos estamos ateniendo a argumentos biológicos, comunes al Toro y al Perro: las especies son un conglomerado que reúne las razas, pero sin razas no habría especies; las razas lo son en la medida que cumplen una tarea dentro del ecosistema al que pertenecen: el Toro de Lidia es el gran agente de su ecosistema (la dehesa) al impulsar el removimiento y renovación de las plantas, la apertura de las franjas de agua etc: en tal sazón, siguiendo la lógica antitaurina, entonces por debajo del Toro es realmente el perro quien mereciera desaparecer, al no representar especie alguna ni cumplir labor en ecosistema alguno (pues no pertenece a ninguno) salvo la de posar para las fotos de las campañas animalistas; en suma, tal actitud-más que argumento, pues es una soberana estupidez- resume la verdadera intención del antitaurino: destrucción desubicada.
A puerta Gayola

Los taurinos van a las plazas porque son seres sedientos de sangre: Busque con paciencia, sinceramente, con detenimiento y juicio, busque en las Plazas en donde he asistido a Toros (Bogotá, Zaragoza), busque en los tendidos de sombra pues sabido es que no puede ser tocado por la luz del sol, persona a persona, ser a ser, pero he de decirle a los antitaurinos que, entre más lo intente, no pude ubicar a Drácula en las Plazas de Toros. Por qué no va Drácula a Toros, si es el primer consumidor de sangre? Fácil, porque nadie va a Toros para ver la Sangre, ni del Toro ni del Torero, al representar la aparición de estas una fracción infinitesimal dentro del rito de la lidia; la presencia de la sangre es cierta, no será el taurino quien la niegue, pero no es la razón de la fiesta, al ser las reales razones cosas muchísimo más elevadas: La Vida, La Muerte, La danza entre la irracionalidad y la Inteligencia, La Oscuridad del Toro frente a La Luz del Torero, etc; como sea, la imagen de la lidia como si esta fuese un destazadero corresponde a otras realidades lejos del ruedo: al sacrificio en mataderos, al proceso de las curtiembres, por ej, y sin embargo a las personas que cumplen tales actividades no se les arrostra que sean seres enfermos sedientos de sangre. La realidad del Ruedo es otra, más allá de la sangre; de ser cierta la implicación, los problemas en contra de la lidia redundarían en eliminar la sangre, cosa plausible, pues no constituye el total de la Fiesta el hecho cruento.

Los taurinos son gentes sádicas y enfermas que disfrutan con el sufrimiento de un animalito muy tierno:  Los antitaurinos pueden pretender tener las últimas verdades en Arte, Cultura y Fisiología Animal (merced a un uso chueco de los conceptos), pero que también sean unos expertos en Psicología? Realmente es muy cuestionable, como tampoco nosotros podríamos asegurar tener las últimas verdades en temas ajenos a la Lidia; así, nos hemos puesto en la tarea de pedir un concepto Psiquiatrico, emanado de un reconocido profesional en la materia- Francisco Tway de Sanmiguel-  a propósito de la imputación “sádicos” que nos adjudican a los taurinos: cito textualmente:

No se puede hablar de un sadismo en la tauromaquia, ya que dentro del concepto “sadismo” se inmiscuye únicamente un desorden psiquiátrico que tiene unas características bien definidas. Dentro de sus raíces nos encontramos con actitudes aprendidas en la infancia como la hostilidad, o con filosofías pesimistas encontradas en varios lugares- por ejemplo en la biblia-; así a medida que crecemos tomamos modelos de crueldad (sea esta extrema o no) dando paso a lo que muchos llamarían sadismo por la simple consecuencia de conseguir placer por medio de este. Y es en este punto donde vemos que el sadismo no es una forma congénita de maldad, ya que el sádico es incapaz de amar tanto a otros como a sí mismo y, como un tirano, desprecia a los demás. Cabe preguntarnos entonces si todos los que van a la plaza se desinteresan por el toro o el torero; en este caso, ninguna relación se basa tanto en el respeto como esta. Concluyendo, que los taurinos sean sádicos es algo muy discutible, pero dentro de la plaza lo que un buen amante de los toros busca es ver el honor y el valor de un torero al enfrentar al toro. El sadismo es una patología catalogada en Colombia con los estándares internacionales, presente en el 6% de la población Psiquiatrica; las causales de la patología (acompañada generalmente con otras), catalogado y registrado el total de personas aquejadas, arrojan que ninguna ha tenido ni tiene un nivel cultural elevado, mucho menos intelectual, siendo el precedente a sus males la presencia de factores económicos y sociales. Hay que anotar que las personas con patología Sádica, repudian cualquier infracción contra los demás cuando no viene de ellos, por lo cual es clínicamente imposible que un taurino sea sádico, al no ser el espectador quien infringe el dolor al animal ni al torero. “ 

Yo anotaría algo muy sencillo: el sadismo es el gozo en presenciar el sufrimiento ajeno –palabra que es una contracción de aquel mítico escritor francés que nunca terminó de gustarme- y, sin embargo, durante la lidia lo que se ve del Toro es lo mismo que se ve siendo este herido o no: que el Toro va y viene por el capote, según la virtud del torero; tales movimientos no difieren en los momentos de la lidia, con o sin sangre, y mucho menos se ve al Toro volcarse en sí mismo y retorcerse del dolor: cuál es el sufrimiento que presenciamos, del cual nos regodiamos, si el comportamiento del toro es idéntico: luchar?


Al toro le echan ácido sulfúrico en las pesuñas, le dan sulfato para producirle diarrea, le echan vaselina en los ojos, le golpean los riñones y le dejan a oscuras por 24 horas antes de salir al ruedo: Claro: no sabía que una fantasía pudiese llegar a ser tan grosera con la realidad: el ácido sulfúrico  (H2SO4un es una sustancia capaz de derretir metales; su uso es restringido y muy cuidadoso; imposible pues que, si derrite el hierro, vaya a dejar indemne la pezuña de un Toro, o que produzca una inocente picazón (pues nadie jamás ha visto a un toro salir al ruedo con una pezuña derretida) y en últimas. QUÉ ESTÚPIDO MANIPULA ÁCIDO SULFÚRICO EN UN CORRAL TOTAL Y CERRADAMENTE OSCURO CON UN TORO DE LIDIA ADENTRO??¡¡¡¡. Ahora, que le den sulfato para producirle disentería? Nunca un ruedo ha resultado tapizado en heces, ni el Toro tomaría el agua contaminada, al tener un aparato olfativo desarrollado, por más que esté en esa oscuridad tan cerrada. Ahora, que le proporcionen vaselina en sus ojos: cómo? Quién le encuentra un ojo a un toro de lidia encerrado en una total oscuridad? (tal supuesto ya fue rechazado por un antitaurino serio y no-fantasioso: Álvaro Múnera, quien expresara públicamente: “Un toro que no ve bien, atropella el bulto completo, no distinguiría el engaño (la muleta) de quien lo engaña (el torero) y termina uno fijo en la enfermería”. “si a un toro le untaran cosas en los ojos, no lo torea ni un brujo!!.); Ahora, que a un toro de lidia se le golpean los riñones? Quién encuentra el riñón derecho en semejantes tinieblas? Quien se mete con ácido sulfúrico y agua contaminada y con un garrote en un corral oscuro con un toro bravo adentro? Ahora, cómo, si está en tan abrumante oscuridad, un antitaurino puede  dar fe de todo esto? Mas aun: puede dar fe realmente de lo que dice? Tiene alguna prueba documental? NO, porque la realidad es muy otra: El toro no es sometido a tales vejámenes, no por irrisorios, su comportamiento en el ruedo desmiente el supuesto de ser arrojado prácticamente como un inválido; el Toro de Lidia ve la luz del sol el día de su comparecencia en el ruedo, ya que el sorteo de los lotes se hace en presencia de los astados; no se le encierra en una oscuridad, sino en una semipenumbra registrada por muchas cámaras, pruebas documentales ciertas y fidenignas. En el caso colombiano, el Toro es vigilado siempre por autoridades competentes: policía, veterinario, y es registrado por el último antes de salir; hasta no tener las pruebas documentales ciertas de tales vejámenes-estúpidos, infundados, tendenciosos, infantiles- no resta más que compadecer la estupidez de quien haya podido formularlos y de quienes crean que puede ser cierto.

No importa que Picasso haya dicho que los toros son arte porque a nosotros no nos parece así y el arte es muy subjetivo entonces: Pero con qué autoridad se arrostran la facultad de pretender saber más de Arte que el mismo Picasso?¡ A diferencia de la gran cantidad de artistas que han considerado a la tauromaquia un Arte (con toda la autoridad, pues son ellos realmente los únicos capaces de decir qué es y qué no es Arte) la antitauromaquia no registra ningún caso de artista (serio, consumado, reconocido, no cualquier pintador con spray) antitaurino, salvo el caso de David Manzur: no resulta extraño que Manzur no tenga ningún reparo de orden artístico hacia la tauromaquia, sino que su cavilación al respecto trate de moral y animalismo? No sería él, al ser artista, quien pudiese decir por qué no es Arte algo que Picasso y Goya consideraron como tal? No lo hace ciertamente, pues con decepción se registra: se reduce a afirmar que la tauromaquia es pederastia, lo que no se compadece de su estatura intelectual. Que sean los artistas los que hablen de Arte, no un grupo más bien joven e inexperto quien nos dicte.
Pronto, más prejuicios antitaurinos. 


lunes, 21 de febrero de 2011

TORTURA EN LA TAUROMAQUIA II



"Torturar a un hombre, e incluso a un animal, es hacerlo sobre un ser con las manos y los pies atados, y, en cualquier caso, privado de las posibilidades de defenderse. Y eso, no solo no sucede en la lidia sino que además sería contrario a su sentido, su esencia y sus valores"
Francis Wolf. Filósofo Francés

En últimas, la imposibilidad no radica en el No-entendimiento acérrimo de los antitaurinos en temas de Arte y Cultura; tampoco radica en la incomprensión definitiva de la fisiología del animal al cual defienden con tanta ficción y fantasía; el centro de todo es y será el trato al cual se ve sometido un Toro de Lidia, trato que será apostillado con un MAL por parte de la furiosa campaña antitaurina, trato que simplemente dejaremos sin ningún prefijo y que analizaremos el día de hoy.

Cuál es el trato al cual se somete al Toro de Lidia? Hay alguna suerte de Mal trato en su existencia, maltrato plausible como aquel perpetuado en una res de ganadería intensiva o un ganso explotado para la producción de paté? En qué consiste la existencia, pasión y muerte de un Toro? Bien, son interrogantes planteados de manera aviesa y amoldada por los antitaurinos, animalistas eso sí, que prefieren obviar los años anteriores al arribo del astado al ruedo; lamentablemente no sucede lo mismo con el resto de especies defendidas por ellos, a las cuales hilan en sus protestas de manera muy correcta, no separando sus vidas de sus muertes. Pues en la queja animalista-antitaurina siempre está la vida aberrante y hacinada de una res con su posterior sacrificio en frío; pues en la queja animalista-antitaurina siempre está la vida humillante de las aves en los galpones avícolas, quienes viven sin ver la luz del sol y mueren ahorcadas y desangradas en frío; está, pues, la vida y la muerte de estas especies; sin embargo, para desgracia del debate, en la queja animalista-antitaurina JAMÁS, NUNCA, JAMÁS está la vida del Toro de Lidia, cuando sí unas imágenes retocadas y una amplia difusión de falsedades del tamaño de la tierra. Por qué, se preguntará el lector, los animalistas-antitaurinos nunca plantean, como sí con otras especies, la vida del toro de lidia como problema?, no son ellos, pues, los que luchan en contra del especismo?  Elemental: hacerlo, poner sobre la mesa la vida de un toro de lidia en su dehesa, inclinaría la balanza en contra suya.

Toros en su Dehesa
La vida de un Toro de Lidia, consistente en el doble o triple de años comparándola con cualquier otra res (no por fisiología, sí porque las últimas son sacrificadas rápidamente para la producción de carne previo engorde hormonal),es una existencia signada por la total libertad del Toro (al precisarse su conservación en estado Salvaje) en su ecosistema propio (la dehesa, a diferencia de la automatización de las otras especies en plantas para la explotación de las mismas) en grandes extensiones de tierra, donde día a día circulan con sus hatos en busca de las fuentes de agua pura presentes y el pasto que consumirán; en su Dehesa nada falta, pues merced al cambio de las estaciones los mayorales les proporcionan Pienso (avena, generalmente) y agua pura; nada falta, pues están rodeados de sus semejantes y las familias que han conformado (un Toro de Lidia para su conservación en estado Salvaje precisa por lo menos de 30 reses, entre vaquillas y novillos bravos, los cuales no serán usados para la lidia y por ende JAMÁS serán usados para explotación alguna: quién piensa en ellos a la hora de acabar con la especie taurina?); nada falta, pues día y noche están rodeados a su vez por un grupo humano que les cuida, guardando la distancia requerida para su conservación pero siempre presentes, compuesto por mayorales, veterinarios y zootecnistas. Tal vida, de total o absoluta libertad en su propio ecosistema con la siempre y paternal mirada del grupo que se exige para conservarles, se denomina Régimen Extensivo: contrario al régimen intensivo (el cual explota la vida y la muerte de los animales para uso humano, desde la vida de engorde rodeada de heces en espacios mínimos hasta la total rapiña de sus partes) el régimen extensivo es la total garantía de los derechos y la conservación de una especie por el hombre, pues es harto diferente dejar a las bestias tranquilas en sus ecosistemas corriendo el riesgo de desaparecer por diferentes factores, que permitirles vivir en sus ecosistemas con el cuidado del hombre; sólo hay dos especies sometidas el régimen extensivo en el mundo: El Toro de Lidia, El Oso Panda Chino. Harto diferente al resto de especies, que bien pueden estar en la perpetua humillación y cerrazón de un zoológico, o en un uso comercial para ser explotadas de toda forma, o en la farsa especista-genética de los bisontes polacos, tanto El Oso como El Toro viven en sus ecosistemas con la única garantía de que sea el hombre quien les proteja; la total desatención del mismo para con estas especies redundaría en su paulatina desaparición. Ahora: cuando se ha visto protestar a un animalista-antitaurino en contra del régimen extensivo al cual se ve sometido el Oso Panda Chino? Nunca, pues sería ridículo, y lo mismo vale par el Toro de Lidia; es ridícula la postura antitaurina que se fija en el maltrato animal supuesto en 10 ó 15 minutos en un ruedo, obviado a su vez los 4 ó 5 años de vida de un Toro.


Toro sangrando: y dónde están las banderillas? y la espada?
 por qué sangra?:
porque es una imagen retocada, antis mañosos!

“Pues protestamos es en contra del maltrato perpetuado en el ruedo, en esos 15 minutos trágicos para el Toro”, pueden apuntar los antitaurinos-animalistas: no consiste precisamente en eso, pues abusivo sería decir que los problemas existenciales presentes en el continente Africano tienen su solución en la inclusión de tanatorios asépticos, morgues limpias, suficientes dosis de eutanal, sábanas limpias para los muertos, y no en proporcionales comida, agua, medios a tantos infelices que pueblan el continente; los problemas existenciales no redundan en una muerte que invariablemente tendrá lugar en algún momento de la duración de un ser vivo, (de no morir en el ruedo, el toro moriría tras una prolongada agonía de meses sometido al ahogamiento de la tuberculosis o la parálisis de la esclerosis, lo más común en la vejez de un toro), los problemas existenciales redundan en las condiciones normales de vida en un ser: SE TRATA DE LA VIDA, NO DE LA MUERTE.
Bien, ahora: esto justifica que el Toro sea lidiado? Que el toro tenga la mejor vida de un animal en el mundo y que su deceso sea inminente en otras circunstancias, nos da derecho para lidiarlo? Indiscutiblemente la repuesta sería No si se tratara de negar la naturaleza del Toro, cosa común en el uso animal (pues ni los gansos nacieron para hacer paté, ni las vacas para ser chorizo, ni los pollos para dar vueltas en los escaparates e inspirar así el verso más ridículo de toda la poesía colombiana, vía Mario Rivero; mas el Toro nació para luchar, combatir como lo hace) y más bien inexistente en un ruedo, donde nada es ajeno a la naturaleza biológica del animal. Los antitaurinos siempre balan que el Toro sufre, al ser un animal con sistema nervioso, y que tal asunto es el gran impedimento moral de una lidia, constituyendo esta serie de acciones un acto de Tortura. Lo curioso, lo incompatible: que un ser torturado pueda a la vez luchar contra su torturador, cuando tortura significa no poder luchar contra él; lo curioso, lo incompatible: que un ser torturado pueda aún así proseguir su lucha, pues cierto es que si las heridas del Toro representaran un caudal considerable de dolor o sufrimiento para él, dolerse sería lo primero que hiciese, por encima incluso de combatir o embestir. Son hechos incontrovertibles, medidos y catalogados ya por la ciencia (como el ya conocido estudio del Doctor Illeras, emanado de la Universidad más importante de España: La Complutense) y autoevidentes a sí mismos, pues si bien es cierto que el sistema nervioso es el receptor del dolor, también lo es que en TODA especie cefalada, gracias a su sistema nervioso, proporcione los medios hormonales que eviten su propio colapso; lo vemos en la adrenalina humana por ej, que impide el colapso nervioso antes el peligro o el dolor; tales consideraciones biológicas se ven exacerbadas en los animales luchadores, pues su naturaleza combativa no excluye las eventuales heridas y a tal sazón deben tener un número mayor de hormonas analgésicas (betaendorfinas en el caso del toro) que han sido medidas y signadas en alto número por la ciencia durante la lidia y después del deceso en el ruedo de un Toro; los antitaurinos balaban: una mujer en trance de dar a luz también liberan betaendorfinas, aún así sufre: Obvio, pero la mujer en trance de dar a luz no es una animal hecha para el combate (por tanto la naturaleza no la privilegió con la misma cantidad de betandorfina que a un animal luchador), ni es lo mismo una herida que una dilatación, ni los niveles de betandorfinas o cortisol son los mismos en una vaquilla brava dando a luz que en una vaquilla brava luchando. Lo que no balan ni controvierten los antis es el hecho medido y exacto de la alta presencia de estas betaendorfinas analgésicas en un toro lidiado, ni que esta sea una verdad inmensa y reconocida. Siguen balando: “ah! Pero eso es sólo posible en sistemas nerviosos intactos”: No, científica y elementalmente No, puesto que su función es precisamente asistir al dolor que produce la no perduración de un sistema intacto, sería contranatura el tener un sistema nervioso que proporcione tales analgésicos pero que sin embargo no pueda proporcionarlos en función de lo que existe; además, tal balado antitaurino no explica ni justifica la alta presencia de las betandorfinas, si supuestamente no pueden producirse al haber daño. A ser sinceros, el sufrimiento mayor de un Toro de Lidia durante toda su existencia consiste en su marcación con un hierro al rojo vivo: cómo se comporta ante tal eventualidad?: el Toro, puesto fuera por los mayorales quienes le marcaron, apenas si puede incorporarse y apenas si puede caminar, ubica un sitio estratégico (su querencia) y se queda allí quieto, esperando la disolución del dolor, Y NO EMBISTE bajo ningún motivo. Entonces, porqué difiere su comportamiento ante un dolor real (la cauterización de su pelaje, heridas de segundo grado) con respecto al comportamiento en la supuesta tortura en un ruedo? Si la lidia fuera el menoscabo de sus condiciones vitales: porqué lucha, sabiéndose que ante un dolor real (el inevitable de la marcación con hierro, usada para identificarlas y evitar su robo, llevar un registro preciso de cada toro) se para? Son interrogantes que conducen a pensar que el Toro de Lidia no sufre las cantidades absurdas que suponen los antitaurinos, apoyadas por el sentido común y la ciencia. Que la lidia pueda parecer aparatosa para cierto tipo de sensibilidades (merced a la sangre de las banderillas) no significa que esta representa una tortura.
Finalmente: se puede hablar de maltrato animal en un toro de lidia por sus cuatro años de vida palaciega? No, ni los mismos antitaurinos, acomodados, taimados e indignos, lo aseguran. Se puede hablar de maltrato animal en un ruedo? Sí, siempre y cuando se pase por alto tonta e hipócritamente la realidad de la naturaleza biológica del toro, se ponga de presente la sensiblería y la falsa educación sentimental que denunciara Lorca, y se piense que una herida de medio milímetro o cinco centímetros pueden significar tortura.

Cómo, con qué argumentos, con cuáles señas pueden hablar aquellos quienes nunca han pisado un ruedo o una dehesa, mucho menos una ganadería intensiva o un galpón avícola, de maltrato o tortura, sino es bajo el fuerte influjo de la ignorancia y la rabia, más viciosas que el mismo vicio de ser intolerantes y cerrados? 

   

viernes, 18 de febrero de 2011

CONTRA LAS PROTESTAS ANTITAURINAS

Sabio Artista colombiano, mostrándonos las verdades
 del Arte en una protesta antitaurina. 


Las protestas ven la luz en su forma moderna en los epílogos de las organizaciones sociales que se revelaron contra la revolución industrial; desde entonces, la marcha y la protesta han sido un diagnostico fundamental de las tensiones sociales, aunque también se han convertido en el medio de visibilizar las minorías que, de no ser por el medio de su libre expresión y la libertad de movilización, se verían anuladas, que no inexistentes, en la marisma de las mayorías. De tal suerte, los antitaurinos han usado este medio para fijar su inconformidad ante la existencia del Arte y la Cultura, pues es imposible que de otra manera (artística o cultural) puedan participar en el debate, siendo el griterío y la movilización de menguados grupos ante las Plazas su medio de hacerse sentir.
Una protesta antitaurina, aparente arrebato de solidaridad por el maltrato animal, es ciertamente un conjunto histérico y falso de personas que, lejos de las protestas y el mundo del Toro, apoyan en otras maneras el maltrato animal verdadero. No será menester hablar de los asistentes ataviados de cuero, de los que antes durante y después de protestar han de comer carne (un millón de veces más maltratada que el Toro), ni de aquellos asistentes movidos por motivos de simple rechazo social; hablaremos sí de la lógica de la lucha contra el maltrato animal, nunca llevada más allá del limite acomodado e hipócrita que supone luchar contra la Tauromaquia.


Una protesta antitaurina consiste en la reunión de una cuadrilla de eruditos y sabios cerca a las plazas de toros, cuadrilla variopinta que tiene debilidad por las temperas color rojo y los palos de escoba a los que se sujeta con alambre dulce las consignas resultantes de su grave y seria meditación sobre el maltrato; tal cuadrilla ha de avanzar en dirección a la plaza gritando consignas (también resultantes de sus disquisiciones eruditas), emulando las recuas de bestias que invaden los campos con un escándalo inusual, para así arribar a la Plaza de Toros, situarse en el sitio permitido, y seguir gritando las conclusiones de su reflexión académica. Qué gritan? Conclusiones intelectuales de la laya de “no más olé” (inflexión vallecaucana de “no más huele” usada para compartir la roca de cocaína, pues sabida es la especial inclinación de los ecologistas por la naturaleza, especialmente la fumada o aspirada) o “sangre y alcohol, brutal legado español” (usada para significar la tradición abstemia y fobohematica de los indígenas colombianos, quienes nunca tomaron licor fermentado de maíz, ni practicaron sacrificio ni consumieron bestia alguna) o “quien confunde la cultura con la muerte, es una persona decadente”(para significar la elemental ignorancia en temas culturales de civilizaciones con tradición tanática, como la egipcia, la griega, la romana, o todas!)Y similares afirmaciones que les eleva a un nivel intelectual que haría sonrojar a un Borges o a un Newton.




Erudito indiscutible con su expresión sagaz,
portando una pancarta que dice SALVAJES. 
Y quién participa en estas manifestaciones multitudinarias de fervor animal? Realmente menos de 80 jóvenes, con menos de media docena de personas mayores, quienes van marchando y paran a perder en el lugar asignado. No es sorpresa que la antitauromaquia de todo el mundo venda muy caros sus “triunfos” y afirmen que son un “éxito total” sus movilizaciones más bien pobres y deprimentes, que afirmen que su no concurrido festival de gritos constituye una mayoría aplastante frente a la “minoría estadística” que les supera por miles y miles dentro y fuera de la Plaza cada tarde, ni que el público asistente a tales movilizaciones sea más bien sospechoso. Retomando la pregunta, a las manifestaciones antitaurinas van, en una mayoría innegable, jóvenes y jóvenes que no superan ni las dos décadas de vida, aunque ello no impida que sean las personas más versadas y sabias en temas de Arte y Cultura, más aún en tratamiento animal, ni que sus verdades sean tan claras y redondas como el mismo Sol. Sorprende y enorgullece que nuestra juventud no vea en su poca experiencia vital un impedimento para creerse desde ya las autoridades últimas de historia de arte, teoría de la estética y teoría cultural. De todas formas, es el “grueso” del público asistente a las manifestaciones antitaurinas, y ello debe indicar, con toda gravedad, dos cosas: la primera, que desvirtúa totalmente la seriedad de todas estas manifestaciones, al ser su constante y causa de sí el simple juego de mentes adolescentes ignorantes de la vida, la sociedad y sus problemas, el Arte, la Cultura, etc; la segunda: que la motivación que empuja a estos jóvenes hacia estos simposios del pensamiento no es la aparente “defensa contra el maltrato animal”, sino que corresponden más bien a un encadenamiento de sus gustos (música, lectura, amistades) que se responden con las ideas de izquierda. Innegable pues que la mayoría de jóvenes asistentes a estas protestas sean izquierdistas o anarquistas derivados de las “tribus urbanas”, innegable también que aterricen en la protesta por lo que dicte una o dos canciones, desconociendo el carácter plural de los Toros, admirados y amados incluso por personalidades de izquierda de la talla de Ernesto el Ché Guevara, por ej. Como sea, tal es la suerte de personas y la suerte de actos realizados en una protesta antitaurina.




Ché Guevara en la Plaza de Toros de Las Ventas,
disfrutando de una corrida de Toros.
Ahora, que su trasfondo guarde cierta repugnante hipocresía, que su lucha esté equivocada y que sus agentes son bajos y mendaces, cierto. Si el motivo fundamental de estas movilizaciones es el maltrato animal no se entiende como es que NUNCA, léase bien, NUNCA tales protestas se presenten contra otras formas, esta vez ciertas, de maltrato animal: nunca se les ha visto protestando en contra de los mataderos de reses, ni en contra de las fábricas de gelatinas o maquillajes o manufacturas resultantes del uso animal, nunca se les ha visto protestando en los sitios donde tienen lugar las peleas de gallos o de perros, nunca se les ha visto protestando en las fábricas de salchichas ni en las productoras avícolas, nunca se les ha visto protestando en los sitios de apeamiento de los transportes con tracción animal que aún subsisten en Colombia, nunca se les ha visto protestando contra la constante contaminación de nuestros ríos que afecta a las especies acuáticas, nunca se les ha visto protestar frente a las expendedoras de carne y derivados animales, nunca se les ha visto protestar en contra de la distribución de productos químicos para la supresión de plagas (ratas, gatos, pulgas), nunca se les ha visto reclamar airadamente por nada de esto, aunque también esté presente el maltrato animal que les hace armar cuadrilla y luchar en contra de nosotros, aunque hasta aquí llegue el hedor de su repugnante hipocresía consistente en el especismo acomodado, defendendiendo a las especies más fáciles de atacar, en lugar de luchar rectamente y contra todo maltrato animal. Entonces es falso de toda falsedad que la motivación de la antitauromaquia sea el maltrato animal, como ya se demostró con las actuaciones de esta clase de cuadrillas furiosas, todas llenas de gentes bajas e inmorales; la antitauromaquia sólo es entendible en cuanto a que es un punto fácil de atacar, al hallar cierto respaldo en la población desinformada, población que sin embargo tiene una postura neutral, al no participar activamente en las movilizaciones ni campañas antitaurinas. Si estas cuadrillas lucharan en contra del consumo de carne, entonces encontrarían una hostilidad general en los países del Toro, por ello, su lucha solo puede ser viable si atacan el punto más apartado del uso animal, al ser tal uso uno que se especifique como Arte y Cultura. En cualquier caso, las protestas no son más que manifestaciones minoritarias (la más grande ha sido en Barcelona, con 5 mil personas, con las cuales no se llena ni la mitad de La Santamaria, siendo las plazas de España muchísimo más grandes) y accidentales, de jóvenes que en últimas no repiten su asistencia, ni sus actos, y la lucha de los animalistas se reduce al triste arreón de un grupo cuya extravagancia quieren imponer a toda costa, gritando, balando, marchando, con la cara y el cuerpo manchados de pintura roja. Fulminante mayoría, exactísimos métodos.


Será necesario creerles? minoría mentirosa, hipócrita, falaz, insolente, equivocada, no tanto como pretender que ellos sean los que transformen nuestra sociedad y sus valores.




Ramos

jueves, 17 de febrero de 2011

CONTRA LOS ANTITAURINOS DE COLOMBIA



Dedicado con especial celo a la antitaurina alias Carorca2


“En este mundo todos toreamos y el que no torea embiste”, decía el gran espada Sánchez Mejías, antes de que un Toro bravo terminara con su vida en el ruedo, antes de que García Lorca, dolido por su muerte, despuntara su poesía y nos dejara un testimonio de como se ha de sufrir, antes de que el movimiento animalista fuese vomitado de la Alemania Nazi, antes, y con remedio, de la existencia de los antitaurinos. Pues resulta ahora que el mundo conocido antes de Hitler y su asociados no existe, y en tal olor debamos renegar del pasado, de la ciencia, de lo culto, del Arte que precisa sacrificio y de cuanta cosa nos ha traído hasta aquí, para pensar o intentarlo de manera insostenible y solapada. Ahora resulta que Miguel Hernández tenía serios problemas psiquiátricos y García Lorca era un inconfesable enfermo y sádico, resulta que Picasso es una farsa del tamaño de un ruedo y que Camus es un incontestable genocida, todo ello al gustar nuestro grupo de las Corridas de Toros; también resulta que un ser pensante es aquel que establece una relación de respeto con los otros seres del planeta, también es preciso que no sepa escribir, ni tenga el más elemental y necesario conocimiento del Arte y la Cultura, aunque afirme con su juicio qué es y qué no es Arte y Cultura. Así, de suerte sospechosa y amañada, sale a nuestro ruedo la antitaurina carorca2 para presentarnos el siguiente documento como una verdad irrefutable, llorosa, impenetrable; vamos por el toro!:

Andrea Padilla es coordinadora de AnimaNaturalis Internacional y Agenda Animal Bogotá. Estas son sus respuestas:
¿Deberían prohibirse las corridas de toros en Colombia? Deberían prohibirse, sin duda alguna. Las corridas de toros son una expresión del ejercicio injusto del poder sobre el cual se ha cimentado la cultura occidental. El mundo actual está asistiendo a una profunda transformación de las formas de relación entre los seres humanos y los demás animales, que nos obliga a replantear viejas tradiciones con las cuales ya no se identifica la mayoría de los colombianos. Hemos de erradicar la crueldad tanto como podamos, empezando por las prácticas que nos mantienen sumidos en una suerte de resignación a la violencia.


La India Animalista
Por supuesto, nuestra asistencia a la “profunda transformación de las formas de relación entre los seres humanos y los demás animales” es justamente moderna, inédita y novel en la historia del hombre. Lo que no explica, o no quiere explicar, es que tal asistencia se deriva de las Leyes de Protección animal dictadas por el gobierno Nazi, quien las importara del misticismo oriental, y que su contexto no es aquel que pensara el versado en historia, de campos de concentración, millones de muertos en el genocidio más aberrante de la historia o la conquista del mundo, en verdad, se tiene que pensar al animalismo como un salto desde el rechazo al hombre por el mismo hombre. No es gratuito que los mayores animalistas sean reconocidos misántropos (Schopenhauer, Vallejo, Hitler), ni que su reacción contra el hombre siempre derive en violencia (la sutil y delicada campaña antitaurina para exterminarnos). Si los toros han de ser eliminados bajo premisas animalistas emanadas de Adolf Hitler, el sensato lector debería decir: pero cómo?. Bien, el hecho de que alguien a estas alturas de la consciencia humana se defienda con ideas hitlerianas representa un aspecto menor, ya que el orientalismo primigenio de este pensamiento les justifica en cierta manera. Ahora: ¿cuál es la relación del animalismo oriental con los semejantes, sino es la igualdad estulta de condiciones? ¿No zarandean a rabiar a Gandhi los antitaurinos, al decir éste la conmovedora y musical frase “"Un pais , una civilizacion se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales"? pues ciertamente es la punta de lanza de estas furiosas mentes el hecho llano de la existencia de países como la India, con un proteccionismo animal total (uno de sus dioses es un elefante), y tal modelo, de respeto profundo y adoración, sea el que quisieran implantar en Colombia o los países del Toro, previa abolición de la tauromaquia. Lo que desconoce la gran mayoría de antitaurinos es que detrás de su campaña se esconde el objetivo de eliminar el uso de animales por el hombre, y que después de los Toros serán las reses de consumo humano las abolidas (pues quién niega que estas se maltraten) y en fin, todo consumo de animales por parte del hombre. Innegablemente es la lucha de la lucha antitaurina, como en claro lo deja la suscribiente en su libelo. ¿Qué ha ocasionado tal proteccionismo animal en la India sino la más grande y homogénea barriada del mundo, toda enferma y hambrienta y desnutrida que es la India entera? ¿Esas son las premisas validas para abolir la tauromaquia?¿ el respeto a las vacas que invaden las casas de cartón en Bombay, mientras a dentro se mueren de hambre los animalistas? No es suficiente el testimonio de Gunther Grass en su magistral obra El Rodaballo, ni el también válido testimonio de quien fuera piloto y ahora director del Parque Explora en Medellín, ni las continuas quejas de la ONU y su Programa Mundial de Alimentos, para terminar de entender que la no utilización de animales por parte del hombre, merced al respeto y las relaciones nazis, conllevan, como en el caso India, al hambre y miseria de millones de personas. Es una utopía tierna, al fin y al cabo, pretender tales relaciones de respeto, aún cuando el consumo de vegetales propenda a satisfacer el hambre y garantizar la existencia de las bestias, pues las zonas cultivables tienen dos fundamentales consecuencias, no tan animalistas: la destrucción de ecosistemas para ser reemplazados por tierras cultivables (caso oso panda en China), el desgaste de la tierra y la contaminación consecuentes al remplazo total de productos que otrora fueran derivados animales ( el cuero por el sintético por ej). Ese, en todo caso, es el sistema de relaciones por el cual deberíamos reemplazar la tauromaquia? El hambre de la India? El frio de la India? La contaminación de la India? Acaso las premisas del texto sean equivocadas arteramente, y en lugar de tauromaquia debería ponerse USO ANIMAL.


Abolir la tauromaquia por tal motivo, debería pues englobar al resto de usos animales, lo cual bifurca y complica el debate en contra de los antitaurinos. Finalmente, que sea un deseo mayoritario es FALSO, en Colombia la gente va a Toros tanto como come carne o usa cuero o maquillaje, los animalistas son la minoría de la minoría antitaurina.

¿Es válido considerarlas como parte de nuestra tradición y herencia cultural, por ende, como algo que hay que mantener? Aún si fueran parte de nuestra tradición, tenemos la obligación moral de cuestionar su actualidad y pertinencia de cara al país que soñamos. Las tradiciones no están exentas de cuestionamientos éticos y toda herencia cultural es susceptible de ser revaluada de cara a las nuevas mentalidades y sensibilidades culturales. La misma España está aboliendo prácticas crueles que hacían parte de su legado cultural y religioso. Defender lo tradicional por el simple hecho de serlo es renunciar al derecho a la crítica. El sometimiento al dictado de la tradición inmoviliza a una sociedad. Si la cultura fuera inmutable, estaríamos aún en los sacrificios humanos en lugar de los derechos humanos.

Lo cuestionable es ello de “el país que soñamos” dejando sentado que no es mayoritario el animalismo en Colombia, ni la Tauromaquia una causal de violencia (la violencia existente desde siempre) en un país donde la abolición de esta resaltaría las verdaderas causales del conflicto: desempleo, falta de oportunidades, dictadura del pensamiento, todo lo que SÍ causa violencia y se deriva, no de la tauromaquia, sino de su pérdida. La pregunta, por demás, tendenciosa a condicionar la respuesta, desconociendo la realidad del toreo, fenómeno más bien moderno que tradicional, ignora que este no constituye una usanza, mucho menos en nuestra América, lo cual dejaría sin piso su consecuente negación. Ni la Tauromaquia ni el animalismo son tradiciones, mucho menos en un país sin tradición propia alguna como el nuestro; la real tauromaquia vive en nuestro país apenas hace 80 años, el animalismo muchísimos años menos, y no por ello ha de decirse que la vigencia del último dependa de su continuidad en el tiempo. En efecto, ya no se sacrifican humanos. ¿y eso qué tiene que ver con la Tauromaquia? También se puede decir que seguimos usando la lógica griega y al ser éste un pueblo taurino entonces somos hecho cultural y perdurable. Obviamente no vale la pena irse a terceras partes.

Para algunos, las corridas son un intolerable ejemplo de maltrato a los animales y para otros, un arte. ¿En qué bando se ubica y qué argumentos usaría para defender o atacar cada una de las dos anteriores ideas? Las corridas de toros son una práctica de extrema crueldad contra seres que, por su constitución biológica, experimentan placer, dolor y sufrimiento. Aún si aceptáramos que son un arte, lo cual no deja de ser un simple rótulo, no por ello están exentas de responsabilidades éticas, y en este caso, el límite lo impone el hecho de que esté en juego la vida de un ser sintiente ¿Tiene un torero derecho a torturar a un animal salvaguardándose en su supuesta “inmunidad artística”? Siempre se ha dicho que en el arte es legítimo realizar cualquier fantasía por violenta o controversial que sea, mientras se trate de una representación, y es allí donde radica la principal objeción con las corridas de toros: lo que sucede en el ruedo no es una representación, son seis animales que mueren ahogados en su propia sangre. Por esta razón, el toreo no es una simple cuestión de gustos particulares.


Gaya
Débil y pobre, ingenua, la afirmación consistente en que la Tauromaquia no es una representación, pues todos sus elementos plásticos así lo ratifica. Mientras un entendido ve en la lidia la lucha y la belleza vulnerada de Toro y Torero, el antitaurino ve seis animales que mueren ahogados de la misma manera que los parisinos de principios del siglo pasado veían en los lienzos de Modigliani una vagina impúdica. El problema sería situar la validez del Arte, no en su valoración intrínseca, sino en lo que conciban de él sus contradictores. El Arte no necesita que una caterva de enfermos no lo vean, necesita que quien le entienda y sienta sí le vea. Sorprende el hecho de que JAMÁS algún artista se haya manifestado en contra de la Tauromaquia, salvo el solitario y ya cambiante caso de David Manzur(quien no niega el carácter de Arte, sino ve consecuencias morales aterrizadas a su visión animalista y tolerante); no nos repetiremos a propósito de nuestras consideraciones del Arte en la Tauromaquia, pero si queremos señalar que, así como el experto marino es el más entendido y autorizado para hablar de tormentas y peces, o así como es el Latinista el más experto en Catulo o Seneca, de la misma manera es el artista el real entendido y autorizado para hablar de Arte. De tal suerte que no son gratuitas las afirmaciones de tantos y tantos artistas a favor de la Tauromaquia,(Picasso, Goya, Gaya, Tápies, Manet, Bacon, Cocteau, Dalí, no precisamente “aparecidos” en la historia del Arte) contra el silencio o la poca barahúnda de los antitaurinos. Ahora, la condición bilógica del Toro, la misma que le impone dolor o placer, fue la que le impuso su condición de luchador: de no estar en un ruedo, igual combatiría contra los intrusos a su territorio, cosa peligrosa si dejamos desaparecer las dehesas y dejamos a su buena suerte en cualquier potrero a los toros de lidia; entonces, aducir su carácter biológico solo a medias, solo por su conveniencia, impide que su “imperativo ético” sea sincero. La Tauromaquia es la consecuencia de la NATURALEZA del Toro de lidia, naturaleza sin la cual sería impensable e imposible lidiar un toro. Nada ajeno a la realidad y la “biológica” naturaleza del Toro está en la Lidia, naturaleza que le proporciona al Toro las betaendorfinas u hormonas supresoras de dolor que tanto le costaran a un neurocirujano catalán poder quitar el olor adrenalina en sus manos luego de manipular la carne muerte del Toro saliente del ruedo. ¿Dónde deja de estar el Arte cuando no hay el sufrimiento que reclaman?

Para los detractores: ¿No es un acto de intolerancia cultural censurar tan radicalmente a las personas que asisten y disfrutan este espectáculo con claras raíces históricas en nuestra cultura? La intolerancia es no reconocer el derecho de los demás animales a vivir una vida libre de sufrimiento y en condiciones naturales. Si nuestro desarrollo mental y cultural nos permitiese aspirar a que esta práctica muriese de muerte natural, como dice Vargas Llosa, no estaríamos hoy de cara a este debate; pero como no es así, es nuestro deber hacer una defensa decidida del derecho de los animales a no ser sometidos a tratos crueles. Es la vida de seres sintientes lo que esta en juego ¿Será que las luchas de oposición a las discriminaciones con base en el sexo o en la raza fueron consideradas intolerancias culturales? De no haber existido una fuerza de cambio, quizás aun estaríamos sumidos en esas viejas prácticas que hoy son inaceptables.


La lucha es más bien falsa, pues NUNCA se ha visto a los antitaurinos ser consecuentes con sus premisas: si Luchar por los derechos animales fuese su objetivo ¿no sería lógico empezar por los miles de millones de reses y aves y peces explotados para el consumo humano, en lugar de luchar contra la Tauromaquia, que representa un número muy reducido de reses con respecto a las consumidas en el mundo? Sería un inicio al revés, sólo explicable por lo falaz de sus premisas, y con la estupidez que conlleva pretender hacer la paz mundial sólo buscándola en Colombia, por ej. En realidad la antitauromaquia tiene otros intereses que los siempre expresados, loables y tiernos supuestamente, por aquellos antitaurinos que son un subproducto del separatismo terrorista español y el odio nazi a cualquier práctica ajena a sus principios nacionales. La intolerancia es evidente, pues es rabiosa y atravesada su lucha, plagada de vías de hecho y criminalización del otro, que ofende a las verdaderas luchas por los verdaderos derechos que han signado nuestra historia. Entonces que se luche contra los 10 millones de reses producidas y sacrificadas al año en Colombia, en lugar de luchar contra el supuesto sufrimiento de menos de 200 Toros al año en el país; como ya se ha expresado en este blog, la antitauromaquia es la manera más fácil de aliviar las consciencias hipócritas y obnubiladas de aquellos que se sienten al mismo nivel de Gandhi mientras le hacen pistola a la inmensa mayoría de los animales usados, defendiendo eso sí con Furia y saña, a la minoría que no les necesita, pues dónde está el crimen en darle durante cuatro años una vida de rey a un Toro de lidia, para luego darle la lucha que signa su naturaleza, lucha en la que invariablemente puede salir triunfador? No merece respeto mentirle a los animales y a sí mismos, pues mientras gritan babosadas por los Toros de lidia que mueren y viven en su ley, millones y millones de animales sometidos son pasados por alto, al ser la mayoría de los antitaurinos carnívoros.

Para los defensores: ¿Qué justifica que un animal sufra para que unos cuantos seres humanos disfruten? Ojalá llegue el día en que ni siquiera tengamos que plantearnos esta pregunta que hoy, infortunadamente, es necesaria. Nada justifica que mantengamos prácticas violentas por el simple divertimento de unos pocos... o de muchos. Si bien hoy los defensores de las corridas de toros son una minoría estadística, no por ello debe ser protegida esta práctica. La protección de los derechos de una minoría, que en este caso son extremadamente banales, no debe hacerse a costa de la muerte y el sufrimiento de seres sintientes. Como lo dijo el Magistrado Palacio en su ponencia con la cual dio salvamento de voto a la demanda que se interpuso contra el artículo 7 de la Ley 84 de 1989 en el año 2009, no se puede privilegiar los derechos derivados de la cultura al derecho que tienen los animales a no ser maltratados o sometidos a tratos crueles por la simple diversión de los seres humanos
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Al fin qué, es divertimento de unos pocos…o muchos, pero que son una minoría estadística? La raza negra también es una minoría estadística en todo caso. La ley de protección a minorías, es cierto, presenta la dificultad de ser una jurisprudencia impracticable, no se compadece con los animalistas (ellos sí, minoría absoluta) pues la nación precisa de la utilización de animales para todo uso (alimentación, manufactura, Arte) y la nación no puede detenerse por las extravagancias de la minoría animalista. El Quid está en situar el problema de la Tauromaquia lejos del problema del uso animal, pues niega en todo caso la misma inculpación a la que someten la lidia (al afirmar que el Toro es “usado” para “divertimento” de “pocos”), desmiente la pureza de la lucha antitaurina, y su competencia con el uso animal es totalmente compatible con la realidad de los dos mundos (la ganadería intensiva y la ganadería de caña brava, por ej); los antitaurinos desvían fácilmente el debate, encerrando a la tauromaquia sola y dejándole lejos del resto de la especie animal, pues es fácil atacar por conveniencia y acomodo lo que pueda tener consecuencias morales para algunos traumados; por qué no poner a las reses explotadas en el mismo lugar, si a ellas también se las sacrifica? Porque la lucha antitaurina perdería adeptos, al hacerse patente su falsa dimensión, su objetivo zalamero; no se trata de la minoría para divertimento de la tauromaquia, se trata del uso del animal por el hombre, y esa lucha es imposible de ganar por los animalistas, de allí su radical huida.


Los defensores de las corridas de toros alegan que si estas se acaban, la raza de los toros de lidiatambién, pues son criados específicamente para este propósito. ¿Qué opina? Este argumento falaz es uno de los más recientes de los defensores de las corridas de toros que ahora son ecologistas. El toro de lidia no es una especie, es una raza, y por ende, es artificial; de modo tal que si desapareciese, no tendría mayor impacto a nivel ambiental. Defender las corridas de toros tras el disfraz de una defensa pseudoecologista no es sano para nadie. ¿Aceptaríamos mantener una raza de perros creada artificialmente con el objetivo de lucrarnos en las repugnantes peleas de perros que hoy son ilegales? Es exactamente lo mismo. Las razas o las especies no son las que sufren: los que sufren son los individuos, y es allí donde debe plantearse la discusión.

Toro de Lidia-susceptible a desaparecer por
 la indiferencia animalista.
Nuevamente no deja de ser hipócrita y bajo y vil el acudir a la defensa de una especie hacia la cual se siente indiferencia, en tratándose de su posible desaparición. Como anotara el Filósofo francés Wolf, los perros tampoco son una especie, son una raza derivada y domesticada de los lobos, y, aunque sean el centro de lucha animalista, no por lo mismo que se consciente la desaparición de un toro de lidia al no ser una especie se consentiría la desaparición de los perros, al ser también una raza ajena a la categoría “especie”; por qué se desgarran las vestiduras si alguien patea un perro, si esté no es una especie? Si diéramos en querer desaparecer a todos los caninos de la subraza pastor alemán, entonces ello no tendría graves consecuencias para los animalistas y antitaurinos, al ser una subraza de una raza que ni siquiera es especie, pues es “artificial”? como es que siente un animal que es “artificial”? si eliminásemos a los perros de la faz de la tierra, obviamente esto no tendría consecuencias para el planeta, al no ser parte activa de los ecosistemas, aún así sería deplorable, aunque en el caso de un Toro de lidia sí sería lícito para un animalista su extinción, al no hacer parte activa de los ecosistemas (falso de toda falsedad por demás). De allí la incongruencia de luchar en contra del especismo, al mismo tiempo que se pone al Toro de Lidia en último lugar. Debo dejar en claro que tal actitud es la más diciente de los antitaurinos, pues al encararse la posible desaparición de los Toros de lidia la máscara falsa que les recubre se les cae. No es de animalistas afirmar que daría igual la extinción de los perros al no ser estos ni especie ni parte activa de algún ecosistema, como tampoco es animalista afirmar lo mismo, cambiando la premisa Perro por la Premisa Toro de Lidia, a la vez que se lucha contra el supuesto maltrato de estos dos. Tal actitud es el resumen de un antitaurino, y sólo puede generarnos Asco y Repugnancia hacia ellos. Ahora, que los taurinos no son ecologistas? Entonces la preservación del ecosistema Dehesa únicamente por los ganaderos taurinos: no es ecologista? La preservación de especies exclusivas del ecosistema Dehesa, al no ser únicamente el Toro de Lidia su habitante: tampoco es Ecologista? El hecho de que la Corporación Taurina de Bogotá done al año millones de dólares a la red distrital de parques (millones de dólares para plantar árboles y sanar los enfermos, cuidar los jardines públicos y generar consciencia ambiental): tampoco es ecologista? Entonces qué lo es? Llenarse la cara con pintura roja? Gritar idioteces? Llevar la intolerancia a límites insospechados? Pensar que Picasso no tenía idea de Arte? Amenazar de muerte a la gente del Toro? Consentir la desaparición de seres vivos y “sintientes”? ser ustedes y ya?
En últimas, no sorprende la no inclusión de la otra parte del debate en el documento (en este caso el torero Cesar Rincón), ni la cantidad apremiante de contradicciones y falso lenguaje, lo que sorprende es que hoy día los adolescentes le sigan creyendo a tan fáciles premisas, pues sabido es que la lucha contra la Tauromaquia es la concatenación de adolescentes marginados y vegetarianos extravagantes contra el Orden, la Civilización, el Arte y la Cultura.


Ramos

TAUROMAQUIA ES ARTE


Fischl

En realidad, ninguna de las artes -la poesía, la música, la pintura, la escultura, el baile, el toreo- pertenecen al tiempo ni al... espacio, mientras que nosotros sí; de ahí su dificultad extrema, ya que tanto creadores como gustadores tendremos que llevarlas a cabo y gustarlas en una especie de terreno de nadie, desértico, de una soledad radical, aunque no dramática, sino rica y vívida. Escribir poesía o música, pintar, modelar, bailar, torear, e incluso todo ello hacerlo magistralmente, no es que sea fácil, claro, pero la verdadera y más seria, más profunda dificultad es muy otra: es poder, llegar a poder, desde aquí, entrar en relación, en comunicación, con lo de allí, con aquellos enigmáticos manantiales.


Ramón Gaya, Pintor


Barceló
Los enigmáticos manantiales (Góngora) del Arte; lo que hay de Picasso en Picasso, lo que resta si raspásemos el óleo y el lienzo fuese reducido a puñaladas; lo que resta si hiciésemos retroceder toda la historia para eliminar así la complicada trama que urdió a la existencia del genio de Málaga, lo que resta si suprimiésemos sus gestos, sus palabras, sus asuntos interminables en París o en Barcelona; lo que resta si el genio español no hubiese hablado nunca con  Modigliani en el Lapin de Montmartre, o en lo de Stein con Matisse sobre la composición y el cubo; lo que resta si destruimos radicalmente todo vestigio suyo, es, pues, aquello imperecedero e irreal y sustantivo que lo hizo Picasso: Arte. Con fortuna anota Gaya: la jurisdicción del Arte es exiliada de toda humanidad, el tiempo del arte está antes de nuestro ayer, después de nuestro mañana, nunca en nuestro hoy, es vana la tarea de intentar fijar la sensación de la contemplación de una obra de arte en palabras. ¿No se ubica la tauromaquia en ese sitio baldío de toda presencia que no sea la suya misma? ¿No es algo tan sustantivo como el “Desnudo bajando la escalera”? Arte, es toda presencia ajena al mundo virginal y perecedero, perturbador por ello, incomprensible si no se resiste su avalancha, aterrador para aquellos quienes tenían pesadillas después de ver los lienzos de Marianne Gardner o sufrían convulsiones luego de ver las obras de Omar Rayo. Arte, es la transmisión más poderosa de un mensaje que queda desnudo al cobrar su existencia, creación en todo el sentido griego. Así, valdría la pregunta por el Arte en lo taurino, cuando son las quejas contra él las que confluyen en negar su estatus de producción artística.
La tauromaquia es la conjunción de toda plástica (el color, la luz, la forma, la composición, el sentido) y ello le valdría con suficiencia para delatar su carácter artístico. Mas en un ruedo, esa hermosa y áspera representación de la vida y la muerte, asisten a su vez elementos que lo subliman más allá de ser la simple brega de un hombre contra una bestia (música, patetismo, trama). Pareciera muy elemental y aliviado el intentar signar la tauromaquia como Arte por estas cosas solo, pero su imponencia es tanta que no basta con ver o sentir u oír para entender a los Toros en toda su magnitud.


Picasso

Una descomposición de todos los elementos plásticos de una Lidia de Toros arrojaría que, si detuviésemos esa escultura viva, el vuelo por el capote o la muleta de una bestia merced a la construcción racional de un hombre que para ello tiene que arriesgar su vida constituye un hecho de Arte indiscutible y meritorio. Una media verónica ajustada, un natural por abajo y templado, todo ello hace que la existencia equivocada y aparente de un Toro dentro de un ruedo se transforme en danza, en construcción, en necesidad y significado. Hombre y Toro rebasan su propia naturaleza para llegar a ser lo que nunca serían fuera del ruedo; indispensablemente esa transmutación es la que precisa el Arte para llegar allende esos “enigmáticos manantiales”, no es luz lo que hay en un Gaya o un Morales o un Vermeer, no es el claroscuro lo que hay en un Caravaggio o en un Velásquez o un Durero, aunque la representación formal de estos elementos sea, en justa apariencia, tan cercana y ceñida a la verdadera forma de la luz o el claroscuro; en realidad, media la pintura, media el mármol o el hierro, admirablemente median entre nuestra visión y la intensión del artista. Ese espacio en-ninguna-parte del Guernica Picassiano, ese pájaro muerto en el aire, ese Toro en pleno centro del cuadro con la expresión antinatural del horror, son en realidad el dulce puente hacia la inmortalidad del Arte, dulce puente que significa lo que el cuadro, pero cuyo objetivo está realmente más allá. La tauromaquia  ha sido catalogada de Arte en tal sentido, pues su contemplación implica un tránsito hacia la inexistencia del tiempo y el resto del espacio; no hay nada realmente fuera del ruedo y la tarde, ni nada más cierto y real que el juego de la luz de los abalorios del Torero y la oscuridad impenetrable del Toro. Sensación harto distinta a la que produce ver un pugilato entre hombres o una pelea de perros. En distinción de ello, una legión entera de artistas de toda latitud ha visto en la Tauromaquia un Arte, pues son avezados en las sensaciones que produce especialmente el Arte de verdad; una persona que, como Goya o Picasso o Fitschl o Botero o Cocteau—hablando de genios de toda latitud- , estando por su condición de artista en presencia del Arte todos los días, conociendo el Arte y el no- Arte como conoce el vino un experto catador, está más que en condiciones para afirmar que la Tauromaquia es un Arte, como en efecto lo han afirmado nuestros ejemplares artistas. Un golpe de total autoridad, por encima de aquellos quienes afirman lo contrario.
Indistintamente hay, entre taurinos y antitaurinos, algún lado equivocado, aunque nunca se termine de entender cómo es que Picasso o Dalí o Manet pueden estar equivocados en materia de Arte.
Ramos
Restando así el sentido: ¿Qué nos comunica la  simple distorsión del cuerpo humano en los cuadros de Giacometti o Bacon (taurino), para quien se pregunta:” de qué va como Arte un hombre deforme en un lienzo y nada más” sino la total vulnerabilidad e inanidad del hombre sobre la tierra? Giacometti ha podido signar este sentimiento opresivo en un simple hombre con cuerpo aparatoso (el Gean Jenet, en honor al inolvidable novelista Francés, taurino por demás) en lugar de toda una representación de la humanidad en pleno, sometida a toda calamidad. Y tal estética del horror, con el sobrepaso al cuerpo humano, no es discutida ni puesta en duda en su carácter de Arte; mas el estrato cruento de un Toro o un Torero (pues ambos pueden morir) dentro del ruedo, sí, mediando la moral. Sería necesario preguntar a los antitaurinos si el hecho de que Picasso torturase psicológicamente a Dora Maar para poderla pintar llorando le quita Arte a su excelente serie sobre el dolor femenino, o si el hecho de que Picasso pintase a unas putas para fundar el Arte Moderno hace de éste último una farsa al violar los topes de la moral acomodaticia de la sociedad.



La Tauromaquia no niega su carácter cruento y brutal, pues la Lidia de un Toro por un Hombre es precisamente una Tragedia; de la misma manera que no se protesta contra Sófocles al haber sometido al pobre Edipo a su destino, no se entiende nuevamente como la oposición fundamentalista hacia la lidia lo hace contra el torero que despena a un Toro en medio de un ritual respetuoso, conteniente de los más refinados y complicados protocolos de belleza y honor. Lo cruento, la "crueldad" que puedan alegar contra la Lidia, no excluye que sea un Arte, pues dentro de la construcción de obras artísticas no se precisa la no presencia de la sangre o el sufrimiento de los agentes, siendo que las reglas de cómo hacer Arte están en constante cambio, sin nada fijo que no sea la presencia de esa Eternidad a la cual nos lleva una Lidia buena o un cuadro de Tiziano. 


La Tauromaquia, esa escultura viva, esa música callada, esa tragedia última, es la representación más fiel y directa de la vida y la muerte; negarla con pudibunda es negar la realidad misma, pues no hay nada dentro de la Lidia que no esté dentro del mundo. Suprimir las Corridas sería así el esfuerzo estúpido de vaciar el mar con un balde, pues la Tauromaquia es lo que la vida y la muerte tienen de constante y trágico en la existencia, esa lucha constante de las fuerzas para sobrevivirse, lo vulnerable de los cuerpos, la belleza de la muerte digna, la carga emocional que conlleva la lucha entre dos vidas y dos muertes, la extensa suerte que somete al Toro y al Torero, pues en la Tauromaquia no hay nada escrito, ni dicho, ni pintado, ni nunca, como Arte, terminará de pintarse a sí misma.

Ramos