jueves, 17 de febrero de 2011

TAUROMAQUIA ES ARTE


Fischl

En realidad, ninguna de las artes -la poesía, la música, la pintura, la escultura, el baile, el toreo- pertenecen al tiempo ni al... espacio, mientras que nosotros sí; de ahí su dificultad extrema, ya que tanto creadores como gustadores tendremos que llevarlas a cabo y gustarlas en una especie de terreno de nadie, desértico, de una soledad radical, aunque no dramática, sino rica y vívida. Escribir poesía o música, pintar, modelar, bailar, torear, e incluso todo ello hacerlo magistralmente, no es que sea fácil, claro, pero la verdadera y más seria, más profunda dificultad es muy otra: es poder, llegar a poder, desde aquí, entrar en relación, en comunicación, con lo de allí, con aquellos enigmáticos manantiales.


Ramón Gaya, Pintor


Barceló
Los enigmáticos manantiales (Góngora) del Arte; lo que hay de Picasso en Picasso, lo que resta si raspásemos el óleo y el lienzo fuese reducido a puñaladas; lo que resta si hiciésemos retroceder toda la historia para eliminar así la complicada trama que urdió a la existencia del genio de Málaga, lo que resta si suprimiésemos sus gestos, sus palabras, sus asuntos interminables en París o en Barcelona; lo que resta si el genio español no hubiese hablado nunca con  Modigliani en el Lapin de Montmartre, o en lo de Stein con Matisse sobre la composición y el cubo; lo que resta si destruimos radicalmente todo vestigio suyo, es, pues, aquello imperecedero e irreal y sustantivo que lo hizo Picasso: Arte. Con fortuna anota Gaya: la jurisdicción del Arte es exiliada de toda humanidad, el tiempo del arte está antes de nuestro ayer, después de nuestro mañana, nunca en nuestro hoy, es vana la tarea de intentar fijar la sensación de la contemplación de una obra de arte en palabras. ¿No se ubica la tauromaquia en ese sitio baldío de toda presencia que no sea la suya misma? ¿No es algo tan sustantivo como el “Desnudo bajando la escalera”? Arte, es toda presencia ajena al mundo virginal y perecedero, perturbador por ello, incomprensible si no se resiste su avalancha, aterrador para aquellos quienes tenían pesadillas después de ver los lienzos de Marianne Gardner o sufrían convulsiones luego de ver las obras de Omar Rayo. Arte, es la transmisión más poderosa de un mensaje que queda desnudo al cobrar su existencia, creación en todo el sentido griego. Así, valdría la pregunta por el Arte en lo taurino, cuando son las quejas contra él las que confluyen en negar su estatus de producción artística.
La tauromaquia es la conjunción de toda plástica (el color, la luz, la forma, la composición, el sentido) y ello le valdría con suficiencia para delatar su carácter artístico. Mas en un ruedo, esa hermosa y áspera representación de la vida y la muerte, asisten a su vez elementos que lo subliman más allá de ser la simple brega de un hombre contra una bestia (música, patetismo, trama). Pareciera muy elemental y aliviado el intentar signar la tauromaquia como Arte por estas cosas solo, pero su imponencia es tanta que no basta con ver o sentir u oír para entender a los Toros en toda su magnitud.


Picasso

Una descomposición de todos los elementos plásticos de una Lidia de Toros arrojaría que, si detuviésemos esa escultura viva, el vuelo por el capote o la muleta de una bestia merced a la construcción racional de un hombre que para ello tiene que arriesgar su vida constituye un hecho de Arte indiscutible y meritorio. Una media verónica ajustada, un natural por abajo y templado, todo ello hace que la existencia equivocada y aparente de un Toro dentro de un ruedo se transforme en danza, en construcción, en necesidad y significado. Hombre y Toro rebasan su propia naturaleza para llegar a ser lo que nunca serían fuera del ruedo; indispensablemente esa transmutación es la que precisa el Arte para llegar allende esos “enigmáticos manantiales”, no es luz lo que hay en un Gaya o un Morales o un Vermeer, no es el claroscuro lo que hay en un Caravaggio o en un Velásquez o un Durero, aunque la representación formal de estos elementos sea, en justa apariencia, tan cercana y ceñida a la verdadera forma de la luz o el claroscuro; en realidad, media la pintura, media el mármol o el hierro, admirablemente median entre nuestra visión y la intensión del artista. Ese espacio en-ninguna-parte del Guernica Picassiano, ese pájaro muerto en el aire, ese Toro en pleno centro del cuadro con la expresión antinatural del horror, son en realidad el dulce puente hacia la inmortalidad del Arte, dulce puente que significa lo que el cuadro, pero cuyo objetivo está realmente más allá. La tauromaquia  ha sido catalogada de Arte en tal sentido, pues su contemplación implica un tránsito hacia la inexistencia del tiempo y el resto del espacio; no hay nada realmente fuera del ruedo y la tarde, ni nada más cierto y real que el juego de la luz de los abalorios del Torero y la oscuridad impenetrable del Toro. Sensación harto distinta a la que produce ver un pugilato entre hombres o una pelea de perros. En distinción de ello, una legión entera de artistas de toda latitud ha visto en la Tauromaquia un Arte, pues son avezados en las sensaciones que produce especialmente el Arte de verdad; una persona que, como Goya o Picasso o Fitschl o Botero o Cocteau—hablando de genios de toda latitud- , estando por su condición de artista en presencia del Arte todos los días, conociendo el Arte y el no- Arte como conoce el vino un experto catador, está más que en condiciones para afirmar que la Tauromaquia es un Arte, como en efecto lo han afirmado nuestros ejemplares artistas. Un golpe de total autoridad, por encima de aquellos quienes afirman lo contrario.
Indistintamente hay, entre taurinos y antitaurinos, algún lado equivocado, aunque nunca se termine de entender cómo es que Picasso o Dalí o Manet pueden estar equivocados en materia de Arte.
Ramos
Restando así el sentido: ¿Qué nos comunica la  simple distorsión del cuerpo humano en los cuadros de Giacometti o Bacon (taurino), para quien se pregunta:” de qué va como Arte un hombre deforme en un lienzo y nada más” sino la total vulnerabilidad e inanidad del hombre sobre la tierra? Giacometti ha podido signar este sentimiento opresivo en un simple hombre con cuerpo aparatoso (el Gean Jenet, en honor al inolvidable novelista Francés, taurino por demás) en lugar de toda una representación de la humanidad en pleno, sometida a toda calamidad. Y tal estética del horror, con el sobrepaso al cuerpo humano, no es discutida ni puesta en duda en su carácter de Arte; mas el estrato cruento de un Toro o un Torero (pues ambos pueden morir) dentro del ruedo, sí, mediando la moral. Sería necesario preguntar a los antitaurinos si el hecho de que Picasso torturase psicológicamente a Dora Maar para poderla pintar llorando le quita Arte a su excelente serie sobre el dolor femenino, o si el hecho de que Picasso pintase a unas putas para fundar el Arte Moderno hace de éste último una farsa al violar los topes de la moral acomodaticia de la sociedad.



La Tauromaquia no niega su carácter cruento y brutal, pues la Lidia de un Toro por un Hombre es precisamente una Tragedia; de la misma manera que no se protesta contra Sófocles al haber sometido al pobre Edipo a su destino, no se entiende nuevamente como la oposición fundamentalista hacia la lidia lo hace contra el torero que despena a un Toro en medio de un ritual respetuoso, conteniente de los más refinados y complicados protocolos de belleza y honor. Lo cruento, la "crueldad" que puedan alegar contra la Lidia, no excluye que sea un Arte, pues dentro de la construcción de obras artísticas no se precisa la no presencia de la sangre o el sufrimiento de los agentes, siendo que las reglas de cómo hacer Arte están en constante cambio, sin nada fijo que no sea la presencia de esa Eternidad a la cual nos lleva una Lidia buena o un cuadro de Tiziano. 


La Tauromaquia, esa escultura viva, esa música callada, esa tragedia última, es la representación más fiel y directa de la vida y la muerte; negarla con pudibunda es negar la realidad misma, pues no hay nada dentro de la Lidia que no esté dentro del mundo. Suprimir las Corridas sería así el esfuerzo estúpido de vaciar el mar con un balde, pues la Tauromaquia es lo que la vida y la muerte tienen de constante y trágico en la existencia, esa lucha constante de las fuerzas para sobrevivirse, lo vulnerable de los cuerpos, la belleza de la muerte digna, la carga emocional que conlleva la lucha entre dos vidas y dos muertes, la extensa suerte que somete al Toro y al Torero, pues en la Tauromaquia no hay nada escrito, ni dicho, ni pintado, ni nunca, como Arte, terminará de pintarse a sí misma.

Ramos
  

miércoles, 16 de febrero de 2011

CONTRA LOS DECÁLOGOS ANTITAURINOS III


Numerosos intelectuales debaten en la foto sobre la inmanencia formal del Arte posmoderno en los Toros.


Por gracia del desconcierto ideológico que se producen a sí mismos los antitaurinos sus argumentos y consignas se transforman o diluyen variando el estulto. El problema consistente en su falta de unicidad se evidencia en documentos como el tratado hoy, procedente de Cartagena-Colombia, ciudad que tiene en ciernes un lecho turístico importante que consume el producto tradicional de las costas: Pescado (aunque en dicho Blog no haya ni una sola palabra para los pobres pescados, de no ser por un comentario de Kafka, no dicho por él sino por uno de sus personajes, como si un escritor tuviese que parecerse a lo que escribe). El lío está en la pobreza de la argumentación, en la pavada de manipular imágenes y en poner a personajes como Buddah o France o Schopenhauer en el estatus de “antitaurinos” (cómo? Buddah conocía la Tauromaquía?, Schopenhauer conocía a Pepe Hillo?) Cuando no es un Einstein (quien es digno de ser citado para los antitaurinos, aunque haya construido la bomba atómica que cegara la vida de cientos de miles, como si en Hiroshima o Nagasaki no hubiesen animales en los días de la ciega bomba atómica). El blog, titulado Toros para Tontos, dispone en su costado izquierdo de unos menguados argumentos taurinos, afirmaciones en todo caso que ya tratamos aquí, de la cual no se aprovechan sino para darle lustre a su brillante idiotez.

Nuevamente, luego del texto que cito textualmente, sin añadir o quitar nada, mis consideraciones:



“El toreo es cultura”. Si se alude a las costumbres de una época o un pueblo, efectivament
e el toreo es cultura, como cultura eran, también los combates a muerte entre gladiadores y no hay razón para defender la pervivencia de tan bárbaras costumbres. Pero si por cultura quiere entenderse el afinar las facultades intelectuales, nada hay de cultura en torturar y matar animales. Y que algunos personajes tenidos como cultos sean defensores de las corridas tampoco significa nada, puesto que también hay muchos cultos en contra del maltrato animal.


Para quién es mala la desviación del debate hacia terceras partes, ejemplos ajenos a la condición de una lidia que detestan pero que no son suficientes en criticar directamente? El toreo es cultura, punto, y debe seguir lo que consideren en reproche de la afirmación, mas no extenderse sobre OTRAS cosas, en este caso, los gladiadores. No ofrecen explicación alguna sobre la no-cultura de la Tauromaquia sino es que Los Gladiadores sí eran una cultura pero que no se puede defender por ser bárbara…y los Toros? Dónde queda la argumentación contra ellos? Habrá entonces que buscar el quid del problema en lo que pensaban Catulo o Séneca o Cicerón sobre el circo romano para extraerlo a la lidia? Dónde están las consideraciones en latín que no las veo?¡¡ Resalto lo ya expresado en este blog: SI LA LIDIA DE UN TORO BRAVO POR UN HOMBRE HA DE SER TAN DESPRESIABLE ES PORQUE ELLA MISMA DÉ LAS CONDICIONES PARA REFUTARLA, así que nada de pederastia ni circo romano ni tormentas eléctricas ni perros sucios salvados de la calle, pues irse por las ramas es precisamente eso: irse del problema. Dicen, o intentan, que la Cultura es la afinación de las facultades intelectuales, para asegurar seguido que no hay cultura en matar animales; no se explica por qué no ha de tener la muerte y la tortura cierta afinación intelectual, ni se entiende cómo emparentan una afirmación con la siguiente sino es por una falta abrumadora de lógica (eso sí, Aristóteles era antitaurino convencido y gritaba “ no más olé” en las plaza de toros de Atenas); yo también puedo decir “Ponerse ropa sintética y no de cuero salva animales, aunque los químicos contaminen los ríos en donde se abrevan las bestias redentas y salvadas para morir envenenadas, entonces los globos son azules y no hay razón para decir que la ropa sintética sea una cultura, pues no maltrata animales”, evidentemente una lógica antitaurina aplastante.

 Ahora, que la tauromaquia exige cierta afinación intelectual, eso es innegable, son muchos los protocolos, reglas y estamentos que atraviesan el mundo del toro que hacen de esta una disciplina catada por intelectuales, indiferentemente de sus consecuencias morales; el hecho intelectual de la tauromaquia (patente en tantos libros eruditos y hermosos: Lorca, Hernandez, Bergamín, Wolf..) no constituye de todas maneras su categoría de “cultura”, por lo cual hay que afirmar que los antitaurinos de esta página confunden lo cultural con lo culto. Ello se demuestra con la siguiente afirmación del mismo punto, donde los antis aseguran que el hecho de que personajes CULTOS apoyen las corridas no las convierte en cultura. Grosero error, confundir la cultura con lo culto, pues una no tiene nada que ver con la otra, aun más, diría que entre la cultura y lo culto hay cierto distanciamiento (como no es cultura la escolástica medieval culta que trataba temas de especulación teológico-ontológico-filosófica, como tampoco es culto que los cholos se den de golpes, lo que en ellos es cultura, respetable eso sí). Así las cosas: qué puede esperar el debate de los antitaurinos (que dicen que la tauromaquia no puede ser cultura nunca jamás) si ni siquiera se ponen de acuerdo en saber qué es cultura, confundiéndole con lo culto? O mejor: está en capacidad de decir alguien quien no sabe el significado de la palabra cultura qué es y qué no es cultura?

 Para terminar, el hecho de que la tauromaquia tenga personajes cultos defendiéndola sí significa algo: que personas con autoridad intelectual saben más que aquellas con poca autoridad intelectual, y esto les da un paso adelante en el debate: triste pensar que un antitaurino se imagina que sabe más de arte un costeño vegetariano que Picasso. Por otro lado, si comparamos los personajes cultos de lado y lado, vemos que los antis emparentan abusivamente a su causa cuanta persona de la historia haya dicho algo a favor de los animales. Por qué? Porque si citan a los antitaurinos se haría patente la brutal inferioridad que son. La tauromaquia es ampliamente apoyada en el medio intelectual (9 premios Nobel de literatura contra medio de ellos; prácticamente todos los genios del Arte Moderno contra Jean Cloud van Dame en ellos)



“El toreo es arte”. ¿Se refiere a haber servido de tema a diferentes artistas? También se han realizado espléndidas obras sobre las guerras o el martirio de los santos, y no por ello son costumbres a conservar. Ahora bien, si por arte se entiende la habilidad para hacer una cosa, torear puede ser un arte, lo mismo será arte pilotar una moto, arte levantar una pared de ladrillos. Al definir el maltrato y(el) engaño como ''arte'' pones a un pintor, un esclutor(sic), un bailarín y un músico, al mismo nivel que un señor/a que tiene talento para burlar a un rumiante y maltratarlo. El arte es sensibilidad, lo inhumano jamás podrá considerarse realmente un ''arte''.

Picasso en los Toros, persona inexistente
 en el mundo del Arte para los antiraurinos.
Es el contraargumento (si  es lícito que se le pueda llamar a tan bobalicón arreón así) más elemental que he leído; aunque aún sigo preguntándome qué es un “esclutor” y me imagino a alguien que manipula esclusas, debo admitir que esta clase de personas desconocen la más elemental definición de la palabra Arte: en dónde dice que el Arte es la habilidad de hacer las cosas? Qué taurino lo ha dicho después de afirmar la no muy inteligente versión de que la tauromaquia es Arte porque le pintan o esculpen? (mas si algún pintor haya dicho en la historia que la guerra o los santos son Arte mientras sí afirman que la Tauromaquia es Arte) Ninguno ciertamente, pues siempre se alega de nuestra parte que la tauromaquia tiene su estrato artístico por lo que se presenta en el ruedo, cosa maravillosa y poderosa hasta el punto de suscitar el interés de artistas que van desde Goya hasta Tápies; si un taurino dijese eso, más le valdría ir a museos que a un ruedo, y hasta donde entiendo y conozco del asunto antitaurino el problema es precisamente ese: que el taurino va a los ruedos (y también a los museos, culto como es). Bajonazo sin sentido afirmar que a nuestra vez decimos que la tauromaquia es Arte pues le han pintado, cuando hay tanto texto culto y erudito donde se explica con detenimiento y autoridad por qué le consideramos Arte: por qué un antitaurino nunca ha desestimado las afirmaciones de Wolf o de Gaya, más si sus propias fantasías? Picasso, en carta al torero Dominguín,  decía lo siguiente: “la lidia de los toros es la cosa más maravillosa, más plástica, más hermosamente colorida y a la vez, la más trágica y seria; los elementos plásticos de la lucha del hombre contra el toro nos dicen de la lucha eterna, de la que cual sólo podemos sacar como resultado al Arte, nos queda la pintura y los toros después de todo; quisiera un lienzo igual de grande a un ruedo”  para un antitaurino: esto constituye algo parecido a la afirmación de Toros para Tontos? Lo que dice Picasso sobre el Arte: debe desestimarse, pues en temas de Arte saben más los animalistas que el mismo Picasso? Eso sólo puede ser cierto hasta el día que alguien supere a Picasso en temas de Arte hasta el punto de hacerlo ver como cosas de niños y haya que descolgar todo el Arte Moderno de las paredes; entonces sí, más con el aditamento de que ese Genio cósmico ha de ser, además de muchísimo mejor Picasso que Picasso, un antitaurino.  El arte es sensibilidad, dicen, como si el arte tuviese relación con la menstruación, tan sensibles ellos a la sangre. El arte no es sensibilidad, siguiendo la retahíla de ellos entonces todo aquello que produzca cualquier sensibilidad en un ser humano es Arte: desde una limonada con hielo hasta el doloroso caso de un mutilado, desde las telenovelas lacrimosas hasta las canciones de don omar (minúsculas en nombre propio para los bajos) pues todo ello produce sensibilidad en la consciencia del hombre. El Arte es otra cosa, el Arte es la poesía de Gamoneda y la Música de Bach, el Arte es El Guernica de Picasso y los Naturales de José Tomás, todo tan correspondido en sí mismo y tan imperecedero, distinto a los argumentos pobres que dan. (Ver el artículo Tauromaquia es Arte)



“El toreo es tradición”. El hecho de que sea una tradición no lo justifica. Las tradiciones nos enseñan hitos de un pueblo, y nos sirven para aprender. La tauromaquia también. Nos enseña cómo eran antes las presonas (sic) que habitaban aquí, y el trato que daban a los animales que no pueden defenderse. Esta tradición nos enseña cómo hemos podido llegar a ser las personas de crueles. No debemos repetir los errores del pasado.


La fuerza de la tauromaquia no precisa que esta sea una tradición, considerando también que el toreo como lo conocemos es asunto más moderno que tradicional, cuando Juan Belmonte (quien viajaba con una maleta llena de libros, ávido lector, persona culta-cultural al decir antitaurino) fuera el arquitecto de una lidia más templada, medida y artística el siglo pasado. Un toro no puede defenderse, aseguran, lo que contradice la realidad: un Toro puede más que defenderse, puede matar (cuántos toreros no han muerto en los pitones del Toro, Manolete, Paquirri, Yiyo, valientes que terminaron con sus vidas en un ruedo. Que un antitaurino afirme lo contrario desmiente su tan alevosa alegría por la muerte de estos); un toro no está inerme, no está indefenso, lo que explica que nunca jamás un antitaurino haya asaltado los ruedos para proteger los toros, las pocas veces que han logrado saltar han estado signadas por la no presencia del astado; lo lógico sería que saltaran y protegieran al “indefenso animal” de los toreros, cosa por demás imposible al ser un antitaurino persona de lucha corta y autosatisfecha con poco. Aun siendo el tema del punto la tradición, muy concienzudamente hemos de decir que es una característica incidental y no definitoria de la Tauromaquia, por lo cual es irrelevante que el tema se centre aquí.




“Sin el toreo, desaparecería el toro”. Taxonóticamente el toro no es una ''raza'' puesto que es un cruze de otras elegidas al largo del tiempo para crear al toro ''bravo' y las facultades que busca cada ganadero. Las reservas naturales existen para PRESERVAR espécies, y el toro podría integrarse en ellas perfectamente, puesto que su alimentación la puede encontrar en estado silvestre. Pero, del mismo modo que hoy se preserva al lince Ibérico, o a la vaca Tudanca, nadie consentiría que el toro de lidia desapareciese. En Polonia, por ejemplo, se conservan manadas de bisontes, que la Comunidad Europea vela con exquisito mimo, pese a que no renten beneficio alguno.



Inicia el punto explicando la taxonomía del Bos Taurus Ibéricus con algo de saña y sin aparente coincidencia con el resto del punto, pues la verdad es que reiteradamente han afirmado los antitaurinos que bien puede desaparecer el Toro de Lidia al no constituir una “raza” original. Entonces: si es tan irrelevante su existencia, por qué luchan contra su supuesto maltrato? Biológicamente es imposible que la ganadería de caña brava haya creado al Toro de Lidia, pues no se puede sacar de la nada una existencia ajena, como si la existencia del Toro de Lidia fuese un milagro o un acto de prestidigitación, por lo cual es cierto que tal especie está inserta en la naturaleza, por lo cual también es cierto que tiene un ecosistema especifico (dehesa) consistente en dilatadas zonas de suelo pastado y reservas de agua fresca; el Toro de Lidia no puede ir por ahí como si se tratase de un animal salvaje, ni su alimento herbívoro puede conseguirse en cualquier sitio “silvestre”, al ser de elemental conocimiento ecológico que las reservas alimenticias varían de un ecosistema a otro y entre los ecosistemas mismos; un toro de lidia no puede estar en una llanura polaca con los “mimados exquisitamente” bisontes en manada (bisontes mimosamente enviados a zoológicos con el sofisma de su protección y conservación, exquisitamente reubicados en China o Usa después de las llanuras Polacas) pues sabido ampliamente es que las condiciones del proteccionismo no son las mismas que las de la cría para las corridas, en donde hay día y noche veterinarios y mayorales velando por la salud y bienestar del toro; degradar las condiciones existenciales del Toro, quitándole su espacio para ser sustituido por otro incierto y menor, quitándole su equipo de veterinarios y mayorales, sólo puede ser el deseo más estúpido y contradictorio.
Ramos
Para finalizar, se quisiera entender que los antitaurinos animalistas luchen por las condiciones de vida de otras especies (los perros de la calle, los conejos y gallinas hacinados, las reses y cerdos enmierdados por la ganadería intensiva) y que, en medio de su lucha animalista, propendan la muerte digna para estos animales (cuantos perros de la calle no son esterilizados por los animalistas, cuantas ordenes de Eutanal registraron los laboratorios que fuesen pedidas por asociaciones animalistas); pero a su vez, cuando el animal tiene las mejores condiciones de vida, como el Toro de Lidia, luchan por su muerte, como si al Toro le interesase más morir de Esclerosis o tuberculosis o en un matadero a cambio de vivir en condiciones envidiables (incluso para los humanos) para luego combatir en un ruedo, con la muy cierta y patente posibilidad de triunfar siempre.


martes, 15 de febrero de 2011

ANTITAURINOS CARNÍVOROS: ¡PORQUE SÍ SE PUEDE SER HIPÓCRITA!

Toro de Lidia en su dehesa


Propaganda emanada de una web
antitaurina; no es acatada
 por los antis.
La lucha rabiosa emprendida por los antitaurinos en derredor al mundo del toro entraña el sentimentalismo romántico de aquellos quienes, defendiendo sí a los animales por encima del hombre, aparecieron en Europa como organización animalista el siglo pasado. En un estudio muy serio sobre el filósofo Arthur Schopenhauer, Safranski anota que el pensador de Danzig, certero contra la humanidad y amante de los animales, fue el primer caso de animalismo en el país bávaro y probablemente en toda la Europa ilustrada. En cualquier caso, lo animalista nunca había sido ni una constante ni un sistema, como ahora pretenden venderlo los furiosos e indignados que piensan como homo sapiens precisamente al haber éste comido carne cocida. La Alemania del siglo XX, la que vomita el Nazismo y el animalismo, la que protege a los animales por orden del vegetariano Hitler y martilla las barracas de Auschwitz, tiene mucho de aquel romanticismo velado de Schopenhauer en su orientalismo budista y odio a los humanos. Cuando la tauromaquia intentó, vía Francia, entrar en Alemania, los bávaros se indignaron y resistieron cualquier intento de hacer Toro, recordando, eso sí, que su pensamiento tenía poco de taurino; recordando, eso sí, a Schopenhauer. La antitauromaquia y todos los movimientos que conjuga en su cruzada empezaron así a ser financiadas por alemanes y holandeses animalistas, asunto aún presente, pues los antitaurinos manejan cifran elevadísimas para sostener sus actividades (tarros de pintura color rojo, invasión multitudinaria de foros en la red por pocos, pagados y dedicados día y noche a vilipendiar la fiesta, pancartas, pendones, política.) con el muy ilustre y muy lúcido precedente de Arthur Schopenhauer. Sorprende, acaso estemos hablando del mismo Schopenhauer del inolvidable Parerga y Paralipomena, el mismo que se lamenta de un hombre en Hamburgo que regañara a un pescador por su crueldad, armado de discurso animalista y una salchicha alemana en la mano. Lo que dice Schopenhauer es certero: primero debemos luchar contra las salchichas, luego contra guerra. Lo mismo 
podemos decirle a los antitaurinos: primero luchen contra las salchichas, luego contra los Toros!!


Porque tampoco nos pueden vender la conmovedora invención de su vegetarianismo y su animalismo: los antitaurinos herbívoros son una minoría, los carnívoros: la mayoría. Porque en un foro o en la calle siempre que se le pregunte a un anti por su dieta va a decir: Sí, como carne, pero no es carne torturada. O bien: sí como carne, porque la necesito para vivir. O también: sí, como carne, pero no voy al matadero a ver como matan la vaca. Pues deberían, ante todo, ir a los mataderos o a las fincas de ganadería intensiva, sería un desafío intelectual y moral saber cual de las dos es más degradante, humillante e inhumana para una res: si el remedo de existencia que supone su nacimiento y vida en un hacinamiento aberrante (se calcula que una res de ganadería intensiva tiene como espacio vital DOS METROS CUADRADOS, DOS), el desmedido uso de hormonas para engordarle, la sentina donde, de tener espacio, se revolcaría en sus propias heces que le llegan hasta media pierna, su transporte en camiones repletos de mierda y otras reses, si eso o su sacrificio en frío (consta según una queja al ministerio del interior que las reses empiezan a ser desolladas sin terminar de morir, a penas agonizantes, temblando y mugiendo). De las condiciones del toro de lidia no voy a referirme para no repetirme, pero sabido es que nunca jamás va a tener comparación la vida y muerte humillante de una res y la vida y muerte de un astado bravo. El tema aquí hay que dejarlo claro: quienes odian la tauromaquia, lo hacen por el supuesto maltrato al animal en el ruedo. Con qué suficiencia moral, con qué autoridad, con qué juicio que se compadezca de la inteligencia humana, van a poner justificar que subsidien al año la muerte de 20 reses pero se extiendan a la vez como plañideras por 6 toros en una tarde? Acaso las reses de la ganadería intensiva difieren en algo del Toro bravo? Si los reproches a la fiesta derivan de nuestra actitud hacia el animal, qué actitud conservan ellos, sino es la hipócrita de consumir carne y hacerle pistola a los animales que sí necesitan de la queja y el auxilio de ellos? Cómo pueden acallar sus consciencias? Se me olvidaba que la antitauromaquia, especialmente en Colombia, es un ejercicio de consciencia: contrario a lo que se piense, no la genera, la acalla. Cómo puede ser la ganadería intensiva y el consumo de carne hipócrita de parte de los antis algo que difiera de la tortura en vida y muerte a un animal? Son preguntas que compete a otros contestar, si es que quiere hallarse respuesta alguna que no sea esta: HIPOCRESÍA.

De izq a der: Pollos hacinados en avícolas, no ven la luz del sol./Toros en su dehesa./Reses de ganadería hacinadas.

Nunca olvidaré que, cuando queriendo el día de la corrida de Hermoso de Mendoza en la Santamaria verle el rostro a quienes protestaban bajé a la Plaza Sandiego, ante mí desfiló un grupo deprimente y menguado y adolescente, alguna había que gritando como el Burgués pudibundo en Hamburgo contra el pescador lanzaba insultos y consignas mientras en su mano sucia de hipócrita y antitaurina había un perro caliente. Jamás olvidaré la indignación que sentí, pues nunca antes grupo humano alguno había llevado tan lejos el latrocino moral como ellos, pues nunca antes una bestia se había visto tan repugnante como aquella que, gritando a su vez “no más olé”, comía cada tanto su hot-dog: no queda nada más sino esto: los antitaurinos se atragantan en sus reclamos hacia la fiesta con la carne que se embuten. Mientras no estén a la altura moral del debate resta decir que lo que haga la antitauromaquia contra nosotros será algo así como lo que dijera Grass, ese otro inolvidable alemán: “Lágrimas, suspiros, triste suerte, miseria, angustia, temor y muerte”

Toros libres en su dehesa.

    

lunes, 14 de febrero de 2011

EL FANTASMA DE FERNANDO VALLEJO

Que el antioqueño Fernando Vallejo sea el mejor escritor vivo de Colombia: nadie lo niega; que haya producido la mejor literatura de los últimos veinte años en el país: tampoco se niega; que el Desbarrancadero o La Virgen De los Sicarios sean las novelas más conmovedoras y contundentes de la literatura nacional: mucho menos…pero que los antitaurinos vengan a zarandear su debate usándolo a él…eso sí que no.
Para lastima y culpa, lo que los antis raponean de Vallejo no es su exquisita sintaxis, ni su fonética dulce pero plagada de significantes

 toscos (por ej: antitaurinos hijos de puta, aliteración perfecta de la letra T), ni su pasión y beligerancia al debatir (pues habida cuenta hay de que un anti se calma al postear dos o tres comentarios repetidos, asistir a gritar bobaliconamente, pero nunca frente a los mataderos ni a las cocinas de sus casas) mucho menos la iconoclastia concisa que lo ha enfrentado contra la iglesia o el estado pero jamás contra nuestras montañas ni cielos, la pena es que de Vallejo raponean pues un tufillo moral e incierto para el cual, ni Vallejo ni los Antis están en situación de llevar consecuentemente.
Ahora los antitaurinos citan y zarandean a Vallejo por su moralidad frente a los animales, como si esto hubiese hecho a Vallejo grande, cuando todo menos la moral es lo que Vallejo ha enaltecido, cuando el menos autorizado para hablar de moral (pues al mismo Vallejo se le hace despreciable ese sistemita moral que nos ha heredado la iglesia) es el propio escritor.
Lo digo, lo sostengo, pues tengo la fortuna de conocer al escritor en persona, pues le conozco, y no es necesario el haber estrechado su mano para que el verdadero lector de sus obras se dé cuenta de que Vallejo es amoral y, por consiguiente, el menos preciso para dictar verdades. Sus libros, con un mérito literario alto, están plagados de despropósitos para la humanidad, sea carnívora o vegetariana: pedir que la humanidad sea abolida, que las mujeres embarazas sean abiertas en sus vientre y expuestas las criaturas, que los colombianos continúen su baño de sangre en los campos, que sobre las ciudades colombianas caigan bombas atómicas, que persista la violencia de género, etc, etc, no son simples aditamentos de sus novelas, son convicciones sinceras sentidas por el escritor: así, maestro y todo, pero compadecerse de la mitad de la existencia odiando la otra mitad es lo mismo que nada. Odiar los humanos y amar los animales, amar los humanos y utilizar los animales, no hay diferencia real entre ambas cosas, aunque parezcan harto distintas, pues no se precisa en la moralidad que no todo sea digno de la lástima y la misericordia: en qué difieren el dolor de un Armenio quemado vivo por los Turcos con el de una Res usada en la ganadería intensiva para el bienestar y consumo de los antitaurinos hipócritas? En qué difiere el dolor de un mutilado colombiano con el de un perro atropellado? Si al antitaurino ha de escandalizarle el falso dolor que pueda sentir el toro durante la lidia, es porque él mismo ha sentido algún dolor. Vallejo, controversial por su inclinación sexual, también defiende a rabiar la pederastia(los prefiero de once años, me decía una vez) pero en cuanto pueda, el antitaurino ha de emparentar falsamente a la tauromaquia con la pederastia. Podemos seguir así, dejando de raso que la moral antitaurina está contra la humanidad, y que después de ir contra los toros irá contra los museos (pues no es moral sostener cuadros con millones de dólares cuando se muere de hambre en el mundo) y que, de la misma manera que se sienten orgullosos de aliviar sus consciencias con actos estúpidos, la ignorancia y el odio al arte y la cultura que los embarga pueden generar en una lucha contra la civilización, tal como Vallejo la ha emprendido en contra de la literatura.
Cuál Vallejo zarandean los antis? El visto en “Les Belles Étrangeres” cansado e incoherente? El que odia el maltrato contra los animales pero le da arroz con pollo a su perra Bruja? El que se escandaliza con el sufrimiento de un canino pero desea de todo corazón el sufrimiento de una mujer embarazada? Ninguno, diría yo, pues es muy posible que un antitaurino no haya leído algo sensato en su vida, sino es la cantidad de fábulas y ficciones que inventan para sí mismos; ninguno, diría yo, al existir sólo en sus imaginaciones el hecho de que Vallejo los haya acompañado en sus protestas (Vallejo? En una protesta? él que detesta la chusma, la gentuza, las turbas de gentes así sean animalistas?) y al ser el único testimonio del hecho, colgado en el blog antitaurino y puesto aquí sin modificación alguna, la siguiente foto:


Fantasma del Escritor Fernando Vallejo señalado en un Circulo por los antitaurinos




Por lo visto, los antitaurinos protestan con el fantasma de Fernando Vallejo!!!

LA COLOMBIA ANTITAURINA





La principal Plaza de Toros de América cumple en el 2011 sus 80 años de Gloria y Arte. En el marco de la celebración de nuestra primera plaza, en donde han comparecido desde Manolete hasta José Tomás, los antitaurinos no se han hecho esperar, balando y mintiendo, parando y berreando, en últimas nuevamente haciendo el bajonazo de no estar a la altura del debate. Sus acciones, como ya es costumbre, se reducen a menguadas concentraciones en la Plaza Sandiego frente al parque de la luz, sitio de escasa circulación taurina al llegar los aficionados por la Macarena y La Circunvalar; se reducen igualmente, eso sí, a una furiosa y barriobajera persecución por los diferentes foros de la red donde dan la sensación de ser muchos siendo poquísimos; en tal marco, el de la celebración de nuestra Plaza y el arreón antitaurino, se ha hecho conocer por la red un blog en donde se infringen las elementales normas de la civilidad –como usar la imagen de un niño, contrariando las leyes de protección infantil en Colombia, o con las calumnias y mentiras usuales en ellos—y el raciocinio, que no sorprende. Atravesado por un espíritu infantil y resentido y tardo, desfilan en el blog tanto afirmaciones como imágenes – montajes elementales en Paint, acusaciones temerarias e infundadas—que reproducimos textualmente para luego discutirlas:
Imagen presente en el Blog Antitaurino, portento del Arte
La plaza de torturas laSantamaríacumple (sic) 80 años fomentando la cultura de violencia.


En primer lugar, no se termina de entender la inclusión de la palabra CULTURA, siendo la que prefiera el lector su significación, dentro de la campaña antiraurina en donde se asegura tan reiteradamente que la fiesta de los toros no se compadece con cultura alguna: al fin qué antitaurinos? Luego, como lo veremos más adelante, el fomento de la violencia desde los ruedos tendría que soportarse con un estudio que relacione y discrimine qué cantidad de delincuentes y actores de la violencia en Colombia asisten a las corridas; lo que dicen sí los estudios a propósito de la violencia es simple y contundente: la violencia en Colombia es producto de la incultura, la ignorancia, el resentimiento y la pobreza (perfil similar al de un anti), presente en la corrupción y los extramuros de las ciudades, lo que no se compadece con el epíteto de ELITISTA con el cual también bellacamente los antis signan a la fiesta. Es difícil, muy difícil imaginar a un taurino como violento, es más fácil imaginarlo como un benefactor de la ciudad (tal la Corporación Taurina de Bogotá, que dona millones de dólares para el mantenimiento de los Parques en la ciudad, siendo éste un fin más ecologista que aquel de los antis, hipócrita y acomodado a su moral), como una persona entendida en Cultura y Arte, en últimas como una persona siempre dispuesta al debate. Un Taurino es ávido lector, catador de Arte entendido, más dispuesto a la contemplación (pues qué otra cosa es una Corrida sino una contemplación) que a la beligerancia, presente siempre en los antis.


Así es, porque allí recibirán sus primeras clases de deslealtad, traición,sevicia, injusticia y corrupción quienes mas adelante dirigirán el país.
En esta olla podrida llamada plaza de toros la Santamaría, recibirán sus primeras clases de una cultura de violencia, los futurosmaltratadores (SIC) y violadores de niños, los futuros espososmaltratadores (SIC) de mujeres, los futuros alcohólicos, los futuros asesinos que al ritmo de las motosierras descuartizan campesinos, los futuros torturadores llamados toreros, los futuros personajes que se ven involucrados en investigaciones por narcoparapoliticomilitares.


Obviando la pobre redacción y cohesión del texto, nuevamente tenemos que exigir los estudios que soporten tales afirmaciones: de ser cierto, entonces tendría que haber una baja presencia de estos fenómenos en los países sin corridas. En África, en los países árabes, en oriente medio, el maltrato de género e infantil están más presentes que en los países del toro, simple y concisamente porque no hay relación alguna entre una corrida y los desequilibrios sociales y personales que producen los fenómenos aducidos. Tendría pues que demostrarse el maltrato infringido a sus semejantes –mujeres o niños- de parte de gentes del toro como Antonio Machado o Federico García Lorca, Fernando Botero o Fernando Hinestrosa o Jorge Eliecer Gaitán, personas de una altísima sensibilidad humana y conocida y dilatada carrera en la lucha por el Arte y los Derechos. Tendría pues que demostrarse la continua asistencia a las corridas de gentes del crimen como Adolf Hitler o Stalin, del Mono Jojoy o Jorge 40, personas de reconocida carrera en la violación de derechos humanos y que, como en el caso de Hitler, tienen a su vez una dilatada carrera en el vegetarianismo y los derechos animales.
Picasso Taurino
En un señalamiento lejos de la realidad se pretende relacionar a la tauromaquia con el deleznable y triste fenómeno del paramilitarismo en Colombia, cosa que se contradice con los hechos: a las corridas en Colombia asisten personas de declarada y frontal lucha contra el paramilitarismo, casos como los de la ex senadora Piedad Córdoba –reconocida a nivel mundial por su labor humanitaria, lo diametralmente opuesto a un paramilitar y símbolo en el país de la lucha contra ellos- el de Alfredo Molano- aficionado de hueso colorado, escritor de libros y columnas en contra del paramilitarismo, lo que le valió su exilio a Barcelona desde donde nos enviaba sus crónicas Taurinas- o Antonio Caballero- escritor de Toros y antiuribista, antiparamilitar, no es gratuito su transito por el Mayo del 68 en París) dejan en claro que los Toros son una fiesta plural, sustantiva en el rechazo a la violencia humana. Será necesario recordarle a los antitaurinos políticos que otro gran aficionado de las corridas que no tienen relación alguna con el paramilitarismo es el archiconocido Ché Guevara, quien entrara vestido de guerrillero a las Ventas de Madrid para presenciar el Arte y la Belleza de una corrida. Ponerle color político a la fiesta es un bajonazo estúpido, propio de mentes criminales e irracionales.


En este circo romano, recibirán sus primeras clases de doble moral los periodistas. De como deben humillarse ante el poder del dinero, y deben rasgarse sus vestiduras, cuando un policía Nacional apalea hasta morir a un indefenso toros (SIC Y ¿???), pero qué (SIC) sin embargo a los 2 minutos se ven obligados a invitar a la tortura y asesinato de toros en la Santamaría.
En este escenario de pan y circo recibirán sus primeras clases los futuros alcaldes, parlamentarios, concejales y militares de cómo es que en Colombia existen dos formas de violencia: la violencia buena, la que ejercen los aficionados a las corridas de toros, la que ejercen las autoridades administrativas y militares para reprimir cualquier expresión de rechazo a las injusticias que comete el Estado Colombiano y la “violencia” mala la que ejercen el pueblo(sic) para rechazar las injusticias o para reclamar sus derechos.
En este apestoso lugar que nos recuerdan los combates entre leones y cristianos, recibirán sus primeras clases de sevicia, crueldad, infamia, los futuros sacerdotes que se verán involucrados en violaciones de niños y patrocinadores de la pederastia. Además serán los mismos que pregonan que el hombre por ser el rey de la creación puede hace lo que le venga en gana a nuestros hermanos los animales. Pero como si esto no fuera poco, se convierten en títeres de la tauromafía promoviendo desde el púlpito de las iglesias las diabólicas corridas de toros.
Qué vergüenza, pero desde ahora pronosticamos con absolutaconvicción (sic) qué jamas(sic) llegarán a celebrar los 100 años de este antro de muerte, porque para esa época (2031), el 99.99% de estosmonstruos(sic) que hoy día disfrutan con la tortura de los toros se habrán(sic) extinguido y ese otro porcentaje (0.000000011) que aún viva habrá tomado conciencia de su obligación que tiene como ser humano de respetar la vida.


Nuevamente se muestra de forma patente que los antitaurinos tienen que recurrir a ejemplos lejanos a los ruedos para atacar la fiesta, demostrando así que su argumentación, al no tocar los ruedos sino terceras prácticas, grita con escándalo que las corridas no pueden ser criticadas al ser pocos y nulos los contraargumentos. Emparentar las corridas con el circo romano, la pederastia de la iglesia (cuando en el mismo blog muestran con orgullo una foto de Vallejo, sospechosa por demás) o la represión policial, tendría que significar la drástica reducción o la ausencia de tales fenómenos en los países sin corridas, cosa por lo demás falsa, pues las cifras y la naturaleza misma de los fenómenos desmienten la afirmación anti. El circo romano fue una práctica ciertamente más cercana a la carnicería de las ganaderías intensivas que a los ruedos, lo cual, según la pobre lógica antitaurina, debería volver en romano criminal al inocente niño que consume un trozo de carne o al anciano desvaído que toma un caldo de animal para sobrevivir. Extendernos sobre las consideraciones a propósito de la iglesia o la represión policial, al no merecer tal pobreza argumentativa consideración alguna, no luciría.
Finalmente, en su consabido estilo torpe y mañoso, agorero y probable, vaticinan cual brujo de vereda la no celebración de los 100 años de la Santamaria con la inocente presunción de la muerte para entonces del 99.999999 % de los aficionados, y la “toma de conciencia” del 00000000.1 % restante, cifras por lo demás infladas y lejanas de la realidad, pues cualquier asistente a las plazas colombianas (con más de 50.000 abonados, infinidad de peñas e instituciones taurinas, etc) puede notar la cantidad de jóvenes que asisten, en igual proporción a las personas mayores y no tan mayores. Evade la queja del antitaurino las loables iniciativas que se han gestado en el último año de parte de los jóvenes colombianos en todas las ciudades del toro para atraer a otros jóvenes a la fiesta, para aclarar la verdadera situación del toro y enseñar a valorar el Arte de las corridas (U.del Toro, Peñas universitarias como la del Rosario, Los Andes, La Javeriana, El Externado) y el creciente repudio a las practicas violentas y estúpidas de los antis, identificados en otra clase de protestas que generar desmanes y miedo en la población. Por fortuna, ellos mismo proporcionan los hechos para desmentir tales afirmaciones: en Bogotá, el promedio de boletas vendidas en la Santamaria es de 60.000 entradas, lo cual, según los antis, es una cifra muchísimo menor (recordar que es el 0.0000000001 % de las personas) a la de los antitaurinos (aun cuando en el grupo de Facebook de Colombia Antitaurina hay menos de 8 mil personas, que según ellos son más que 60.000); más deprimente y exiguo es el espectáculo de las protestas, concurridas en número escaso por jóvenes que, a juzgar por su apariencia, no son portentos de la cultura ni el arte más fácil. Sin embargo, para los antitaurinos, son una mayoría aplastante que venden en todos los foros públicos…queda al sensato lector determinar si son más que los miles de espectadores que llenan todos los años las plazas en Colombia el siguiente grupo:


.
Miles de Millones de antitaurinos asisten en Bogotá a las Protestas contra la Tauromaquia.



Expertos en Arte y Cultura, eruditos de toda condición intelectual, protestas con una pancarta inspirada en el informalismo de Tapies, porque por supuesto, ellos saben quién es el Marqués.


Solo una mente acosada por la estulticia, la frustración y el rencor, puede catalogar como mayoría a los antitaurinos y minoría a los taurinos.

domingo, 13 de febrero de 2011

DE LA TORTURA EN LA TAUROMAQUIA




“De la misma forma que la gente no consume almejas vivas por el placer de verlas
sufrir con el limón, los aficionados no acudimos a la plaza para compensar ninguna
patología semejante. ¿Pero son acaso las almejas inferiores a un toro? Porque
cuando habla de sufrimiento y crueldad, ¿hasta dónde establece los límites
permisibles? ¿A las moscas que perecen brutalmente con el insecticida? ¿O al
genocidio de bacterias por el antibiótico? Sería curioso saber quiénes encabezan la
lista de los 40 animales principales. Una rata, ¿es más o menos digna que un gato? “
Albert Boadella, dramaturgo.


Que la Tauromaquia no es Arte ni Cultura al ser una tortura supuesta es el más popular y característico estribillo de los antitaurinos; extenso en todos los países del toro merced a su rima fofa y la simpleza del planteamiento, se ha erigido como el clamor generalizado de aquellos quienes protestan frente a los cosos taurinos cada tarde o noche o invaden de forma enfermiza y dominica cuanto foro taurino haya; un toro de lidia es combatido con la inteligencia del hombre en servicio de la belleza, la vida y la muerte; sólo con estas pretensiones, y lo que nos dicta la intensión del rito taurino, la naturaleza y la fisiología del toro, se apunta unánime a que esta práctica no constituye una tortura, a menos que, como señalara el filósofo francés Wolf, los antitaurinos distorsionen el concepto mismo de tortura, negándole al mismo tiempo.
Para que la tortura sea tal ha de cumplirse una serie de hechos dentro del acto de atacar un ser vivo: una victima, un victimario, un estado inerme por parte de la victima, el explicito NO consentimiento por parte de la victima de estos vejámenes y, finalmente, el sufrimiento. Tal conjunto de condiciones, reunidas y puestas en práctica, constituyen la tortura en su acepción más aceptada.
De idéntica manera que un torero ultima a un toro en el ruedo con su estocada, un toro a su vez puede ultimar o herir de gravedad al torero con sus pitones (como en efecto ha ocurrido: el doloroso caso de Manolete encabezando la lista) o con su peso descomunal, siendo este un hecho patente y ampliamente conocido. Entonces, hemos de aceptar con toda razón que es frágil, más inexistente que cierta, la línea que separa a la victima del victimario dentro del ruedo: si un toro atraviesa en repetidas ocasiones al matador con sus pitones, hiriéndole en todas partes y dándole volteretas por el aire y arrastrándole interminablemente por la arena, sólo la lógica del antitaurino signaría al toro como victimario y al torero como victima dentro de la tortura (el toro premedita su ataque). Siendo obvio que un toro no puede ser victimario en olor de tortura, también lo será que el torero no puede serlo al no estar nunca asegurado que dentro de la lidia no sufrirá un percance debido a la premeditación y ataque del toro. Al ser la lidia un combate abierto, las igualadas de toro y torero no permiten constituir un hecho de tortura, al ser imposible determinar cuál es la victima y cuál el victimario dentro del interminable albur que representa cada toro.
La siguiente condición, el estado inerme de la victima, al ser el toro lidiado precisamente por su condición de animal para la lucha, está más que ausente dentro del ruedo. Sólo a una persona invidente, y que por ella nunca jamás haya visto un toro de lidia, puede ocurrírsele que éste sea un animal indefenso. Dotado generalmente con media tonelada de peso, rematado con un par de pitones letales y una potencia de embestida tremenda, el toro de lidia pasa para los antitaurinos como un animal triste y anémico, a la sazón de un perro o un venado. La realidad es una: el toro de lidia es un animal altamente peligroso, demostrado lo último con la consabida galería de accidentes y muertes que, de no ser por su fiereza y seriedad, serían imposibles si el toro de lidia fuese un animal inerme o indefenso. Ya nos hemos detenido en la refutación de aquellas ficciones bajas y vulgares con las cuales los antis también intentan desinformar con un supuesto menoscabo de las condiciones físicas del toro antes de la corrida; nuevamente, la muerte en el ruedo de muchos matadores desvirtúan tales afirmaciones; baste decir para concluir que un toro de lidia no es torturado por su estado de indefensión al ser tal estado un imposible: un toro de medio tonelaje y un par de pitones no puede pasar por inerme frente a un hombre cuyas únicas armas sean un trapo, un par de banderillas, una espada de madera o una pica de puya corta y su inteligencia al servicio de la lidia. La premeditación del hombre para ahormar el toro jamás puede compararse con el hecho irrefutable de la fuerza y la naturaleza del animal.
Invariablemente tampoco se puede hablar de tortura con la siguiente condición: el no consentimiento de los vejámenes. Un toro de lidia, desde su nacimiento hasta su muerte en el ruedo, se corresponde fielmente a su naturaleza combativa y boyante; de no existir el consentimiento natural del toro para la lucha, de no embestir, salir suelto a los engaños o irse a tablas por su condición de abanto, la lidia sería imposible con lo que el toro sería vuelto de inmediato a los toriles, siendo así inexistente el combate y la supuesta tortura. El hecho consistente de la repetición del toro en su embestida niega de tajo su no consentimiento a la lucha: el toro de lidia embiste por su naturaleza, la cual no dicta que tenga que hacerlo contra todo; si un toro de lidia, por error, llegando a los límites de su dehesa se hiere con las cercas de las mismas (sean cercas de púas, sean eléctricas) no repite contra la cerca la embestida, sale en dirección contraria, no lucha; sin embargo, herido por la puya o las banderillas, irá y vendrá a los toreros sin dilación, pues él y su naturaleza consienten en luchar. Es imposible la tortura por el no consentimiento del toro o su carácter incauto pues la misma naturaleza del toro lo niega.


Finalmente, el punto crucial de todo se reduce al dolor que pueda sentir el toro durante la lidia. Que el toro sienta dolor no constituye en sí una tortura por razones evidentes: todo dolor para convertirse en tortura tiene que cumplir sin remedio con las anteriores condiciones, suficientemente desmentidas. Sin embargo, el tema del dolor que pueda llegar a sentir el toro es el centro del debate sobre la vigencia de las corridas, importe o no que el mismo sea usado de manera aviesa, hipócrita y torpe por los antitaurinos, mediando afirmaciones como aquella que suscita el texto. Para extendernos sobre el tema del dolor es necesario explicar con exactitud la naturaleza de las armas que se usan y las heridas que suscitan: la pica, cuya puya mide menos de medio milímetro (de 27 a 29 mm), entra al morrillo del toro, zona abultada y cebada, sin compromiso de venas o arterias vitales; tal herida no puede consistir tortura al ser superficial y al no generar un menoscabo en la condición del mismo (todo lo contrario, es usada para activar y dosificar la bravura del toro); las banderillas, generalmente seis, son palitroques que se ponen en el morrillo del toro rematados en anzuelo con una profundidad de 5 centímetros (el morillo del toro tiene más del triple de altura), generan una pérdida de sangre del toro mayor que la producida por la pica al estar comprometidas muscularmente (el toro al combatir abulta su morrillo como muestra de su condición y disposición para combatir, indiferentemente de haber sido sometido a la pica en los caballos) zonas del morrillo a fin de facilitar la estocada; las banderillas cumplen con su cometido loable de disponer al toro para una muerte rápida e indolora; sin embargo, generan un espectáculo aparatoso para algunos al producir en ocasiones sangrado hasta la pesuña; sobre la consideración de incluirlo dentro de la tortura es necesario signar de nuevo las condiciones fisiológicas del toro: al ser un animal para el combate y como todos los incluidos en tal categoría biológica, el toro de lidia fue dotado por la naturaleza con un sistema endocrino capaz de generar betaendorfinas analgésicas o supresoras de dolor, lo cual no deja de ser natural en un animal de lucha; incluso el hombre, al tener relaciones sexuales o vértigo, genera hormonas como la adrenalina, semejante a cualquier ser cefalado que, al ser vulnerable al dolor, está dotado de tales hormonas a fin de garantizar su existencia y supervivencia. Como había que esperarlo, muchos antiraurinos han intentado controvertir la existencia y eficacia de tales hormonas; para su desgracia, las verdades de la ciencia son exactas y continuas, por ello no han podido refutar el hecho cierto de la existencia de las betaendorfinas, valiéndose para el intento con especulaciones y monedas al aire. Cito el siguiente testimonio, no sin decir que en otro apartado de este blog está el vínculo para visitar las conclusiones de las investigaciones sobre el umbral del dolor del toro bravo:  
“Dicen los que se han metido en el tema (como un amigo neurocirujano de A.B. que va
por los destazaderos de la plaza de toros de Barcelona con el veterinario titular de la
misma y dice que le cuesta trabajo quitarse el olor a adrenalina que le queda en las
manos después de manipular la carne del toro muerto) que en adrenalina  y en
endorfinas, el toro se protege del dolor.”

Dentro de la lidia, la última herida consiste en la estocada: con una espada de 75 cm (filo en los tres cuartos) el torero última o sacrifica al toro vaciándola en el centro del morrillo; de tener éxito, la espada toca el corazón del astado y es despenado en mínimo ocho segundos. De no tener éxito la estocada, al ser toda una suerte, no se permite que el toro siga en pie por más de un minuto, tiempo en el cual se le ultimará con precisión y exactitud con la espada de descabello, que hiere el cuello del toro, despenándolo en menos de un segundo. La estocada no puede ser causal de tortura, al ser la intención de la espada fulminar al toro para evitar su sufrimiento al agonizar, lo cual contraría el principio mismo de la tortura.



Así, hemos nuevamente revisado la validez de las afirmaciones antitaurinas con respecto a la supuesta tortura de un toro durante la lidia: hemos analizado la consistencia de una verdadera tortura y la incompatibilidad que presenta con la tauromaquia, hemos analizado con exactitud la consistencia de las heridas (pues jamás será la intención de un taurino ocultar la verdad) y llegado a esta justa y racional conclusión: la tauromaquia no puede ser tortura al ser muy otra la realidad de las heridas y la lidia, lejos de lo que la mente de baja hampa de los antitaurinos pretenden, por fortuna sin éxito, desinformar y rabiar. Queda al juicio sensato del lector elegir. Queda sí decir que un aficionado no asiste a la plaza a ver el derramamiento de sangre de un animal o un hombre, pues dentro del rito de la lidia tales manifestaciones cruentas representan un número bajo con respecto al grueso de la lidia: el capote, la muleta, el brindis. Si la predilección por la sangre tuviese lugar en un aficionado más le valdría visitar un matadero, o exigir que la lidia se centre en destazar al toro, cosa falaz por no inconcebible, ya que el centro de la fiesta es el toro que combate, la danza de vida y muerte que suscita su paso por la muleta y el capote, la tragedia de dos seres, torero y toro, que someten a la posibilidad de la muerte para crear el Arte más vivo y antiguo.


José Tomás o el Arte, el Honor y el Valor






José Tomás es un soldado, necesitamos más para ganar la guerra!!!

El Arte y el Valor del espada José Tomás, su  estoicismo o su impavidez casi inhumana en la jurisdicción del toro, el vuelo de su muleta o su capote siempre con la quietud de su figura ante la embestida colosal del astado...Arte y Valor






Con la voz de Manolo Moles, la épica corrida del 2008 en Las Ventas de Madrid con la cual reapareció el diestro de Galapagar para desorejar a sus dos toros. Pases ceñidos al toreo puro, valentía y una manera de vaciar la espada (incluso recibiendo) que le valieron la Puerta Grande que va a la calle Alcalá.

Dedicado a todos los antitaurinos que se obstinan tontamente en negar el Arte y la Belleza de una buena corrida de toros...y oleeee